La Lucha interna

lucha interna

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” (Rom 7:18 -19)

El apóstol Pablo nos describe su situación y la de todos nosotros, aún de aquellos que somos cristianos, esto es, nuestra carne le gusta el pecado y se inclina hacia el pecado.

Esto es un poco chocante para algunos cristianos, porque pareciera que esta enseñanza quisiera justificar al cristiano de caer en pecado (“Es que la carne es débil” podría decir alguno). Pero esto nos enseña un realidad de la cual debemos estar conscientes, y es que aunque hemos sido renovados (El que robaba ya no roba; el maldiciente habla correctamente; el alcohólico vive sobrio; el que odiaba a Dios, lo ama), y aunque hemos sido bautizados con el Espíritu Santo de Dios, arras de nuestra de nuestra herencia; eso no significa que no podamos ser tentados, influenciados por el mundo y aún arrastrados al pecado.

Ahora bien este tema es muy amplio, y voy a tratar de resumirlo a manera de preguntas.

¿Es normal la lucha interna entre querer obedecer a Dios y los deseos de la carne?

Sí, es normal. El apóstol Pablo en el mismo capítulo 7 de Romanos menciona:

“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” (Rom 7:22-23)

Así nosotros amamos la Ley de Dios, nos gusta estar en paz con Él y nos fascina mantenernos en santidad. Sin embargo, existe esa naturaleza pecaminosa que también le gusta el pecado, contra la cual debemos luchar.

¿De dónde proviene esta doble naturaleza?

Sabemos que provenimos de Adán, padre de todos los hombres. Él y su esposa Eva pecaron contra Dios y fueron expulsados del Edén (Gén 3:24)

A partir de ese momento la raza humana cayó. Sus hijos tuvieron la misma naturaleza caída (condenados a la muerte), y los hijos de ellos también. Esto lo explica mejor la Biblia:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom 5:12)

Tengo que hacer un paréntesis. La muerte viene por el pecado, pero el pecado es parte de la naturaleza humana. Por lo cual todos estamos condenados a la muerte.

También la Palabra de Dios nos explica:

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1Co 15:22)

Haciendo una clara referencia que nuestra naturaleza pecaminosa es derivada de Adán, mientras que nuestra naturaleza espiritual es por creer en Cristo.

¿Cómo distingo los deseos de la carne de los del Espíritu?

La Biblia nos dice cuáles son los frutos (o manifestaciones) de la carne y cuáles los del Espíritu.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gál 5:19-23)

La pregunta que nos debemos hacer es: ¿Qué clase de frutos estamos dando? Si son frutos de la carne es porque no estamos lidiando con ella. Si son frutos del Espíritu, es porque estamos buscando más de Cristo.

Si siembras pecado, segarás carnalidad. Si siembras en el Espíritu, segarás espiritualidad

“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gál 6:8)

¿Cómo alimentar al Espíritu?

La Biblia nos enseña los métodos para alimentar el Espíritu:

La oración.

Si no sabes orar, te invito a que leas Mateo 6:9-13 donde Cristo les enseña a orar a sus discípulos, aunque no es el caso de este escrito. Jesús enseña que una forma para no sucumbir a las tentaciones es orar.

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mar 14:38)

Vemos a Jesús orando mucho y constantemente. Si Cristo oraba ¿Cuánto más debemos nosotros orar?

Leer la Biblia.

La Palabra de Dios es la herramienta por excelencia para poder ser fuertes ante los deseos de la carne. La Palabra de Dios no solo nos limpia, sino que sus enseñanzas nos transforman, nos dan entendimiento y nos permiten cambiar nuestra mente como la de Dios. La Palabra nos enseña cuán fútil e insensato es perseverar en el pecado. La meditación en la Palabra nos permite ser cada vez más como es Cristo: Santo, así como nuestro Padre es Santo.

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” (Jua 17:17)

Mortificar la carne.

La herramienta más común es el ayuno. Pero en general, es necesario no permitir que la carne tome lugar primordial en nuestra vida. Es necesario desechar cosas que nos incitan a pecar, alejarnos (pero no tanto que nos volvamos ermitaños) de ambientes y situaciones que sabemos que no son buenas para vivir agradando a Dios.

“Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” (Jua 17:14-15)

Y quiero hacer un énfasis en esto, pues aunque sabemos que alejarse “del mundo” luego trae religiosidad, fariseísmo y hasta una mala imagen del evangelio, es necesario que cada uno tome su cruz y muera a sí mismo cada día. En muchas iglesias en la actualidad se evita hablar de esto, pero es necesario que se enseñe, porque si no abandonas nada por el Evangelio nunca serás un buen cristiano. El cristiano siempre marca la diferencia, es distinto, es santo.

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jua 15:19)

Si eres igual a como eras antes de venir a los pies de Cristo, entonces el mundo te amará, por cuanto eres igual a ellos.

¿Hasta cuándo lidiaremos con el pecado en nuestros miembros?

Como la naturaleza pecaminosa la heredamos de Adán y está sujeta a nuestra carne (sí, ese cuerpo moribundo en el que habitas), entonces lucharemos con nuestras pasiones durante toda nuestra vida bajo el sol.

Por eso seremos transformados:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” (1Co 15:51-52)

He aquí que en la resurrección de los muertos todos los que creemos en Cristo seremos transformados. En este nuevo cuerpo ya no tendremos inclinación al pecado y por lo tanto las cosas santas se nos harán más sencillas y nos deleitaremos en ellas como hoy la carne se deleita en el pecado.

Esta es una excelente promesa para esperar con paciencia el regreso de Cristo, y no ver la muerte como el fin de las cosas sino como el inicio de algo mejor

Reflexiones

Los deseos de la carne no se alimentan con esfuerzo, sino que son fáciles para nosotros por cuanto así es nuestra naturaleza.

El enemigo nos tienta, el mundo nos seduce, pero nuestro mayor enemigo somos nosotros: nuestros pensamientos, deseos, actitudes y sentimientos. Debemos hacernos responsables y dejar de culpar a otros.

En Cristo somos competentes para resistir toda tentación. No tenemos excusas.

Tampoco es bueno afanarse en esta lucha. Hay cosas más importantes en el evangelio como la predicación, el amor, la paz, etc. Yo recomendaría afanarme más en tener los frutos del Espíritu que en evitar los frutos de la carne. Al sembrar los primeros, automáticamente los segundos comienzan a menguar.

Y mi eterna recomendación: Ora.

Ora de mañana, en lo íntimo, ora en tu mente, ora en el coche, ora en el trabajo. Ora por todo y por todos. Aprenderás de un Dios que tiene control de todo.

Bendiciones

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Las NO-EVIDENCIAS de la “unción”

Rico mac pato ¿Qué identifica a una buena iglesia? ¿Las multitudes? ¿Los milagros? ¿La prosperidad económica? ¿La fama? En la iglesia contemporánea, estas cosas son enarboladas como credenciales de una iglesia que tiene “unción”, un “avivamiento” o que es “respaldada por el poder de Dios”. Las multitudes “Dios ama las multitudes” se oye recitar desde el púlpito. “Jesús tenía muchas personas que le seguían” este tipo de comentarios si bien son ciertos (porque Dios ama las multitudes y a Jesús lo seguían) no reflejan las verdades plasmadas en la palabra.

“Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí” (Mat 19:2) “…oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él” (Mar 3:8b) “El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén” (Jua 12:12)

La verdad es que estas personas seguían a  Jesús por los beneficios terrenales que podían obtener al andar con él: sanidades, comida, bebida y espectaculares milagros.

“Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Jua 6:26)

Y luego de un largo discurso, en ese mismo capítulo vemos una actitud de las “multitudes”

“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Jua 6:66)

Esto es lo que pasa cuando se induce a las personas a seguir a Jesús pero sólo por beneficio. Cristo murió en soledad ¿Cuántos de los 5,000 alimentados estaban con él en su crucifixión? ¿Cuántos de los cuatro mil alimentados esperaron la venida del pentecostés? (Hch 1:15) ¿No eran los que lo recibieron un lunes al cántico de ¡Hossana!, los mismo que el viernes le azotaban con gritos de ¡Crucifícale!? Si bien una buena iglesia podría tener un crecimiento multitudinario (y sería algo bueno), el propósito es demostrar que la muchedumbre no es una evidencia de que se trate de una buena iglesia. La misma historia secular nos invita a reflexionar. A Hitler no lo seguían sólo sus generales, ni sus soldados; sino que todo un país le entregó su voluntad y le siguieron con ánimos a la guerra más terrible que ha sufrido la humanidad. Las multitudes no son evidencia de tener la verdad. Los milagros Los milagros son por mucho una herramienta poderosa para la evangelización. Vemos que los apóstoles hicieron demostraciones del poder de Dios a través de los milagros.

“tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos” (Hch 5:15) “de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo (del apóstol Pablo), y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían” (Hch 19:12)

Y aunque el día de hoy existe una controversia entre el continuacionismo (que los milagros continúan hasta la fecha) y el cesacionismo (que cesaron), no daré mi posición al respecto. Me enfocaré a las declaraciones de algunas iglesias de que los milagros son testimonio de “unción”. Hay una historia relatada por Cristo que nos puede dar una enseñanza clara:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. (Mat 7:21-23)

Fuerte palabras, sin duda, de parte de nuestro Señor Jesucristo. Aquí podemos ver que hay unos personajes que piensan que por el hecho de profetizar, echar demonios y hacer milagros en el nombre de Jesús, ya por eso eran sus siervos. Qué terrible historia que nos hace reflexionar sobre nuestra verdadera posición como siervos de Dios no con manifestaciones externas sino con nuestra comunión y conocimiento de la persona de Cristo. “Nunca los conocí” les responde el Señor, demostrando de esta manera que ni la profecía, ni echar fuera demonios, ni los milagros son exclusivos de los “conocidos de Cristo” . El Señor no nos deja con la duda ¿Quién es un hombre/mujer de Dios?: “El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Vemos que muchos ministerios basan su “unción” en la cantidad de milagros que se hacen en sus campañas. Estos no son evidencias claras que en verdad entrarán en el reino de los cielos. Los satánicos también hacen prodigios sobrenaturales:

“Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos; pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos (Éxo 7:11-12)

Vemos que aún personas mundanas pueden sacar demonios en el nombre de Jesús.

Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. (Hch 19:13)

Aunque este episodio terminó con consecuencias risibles para los supuestos exorcistas, la práctica cotidiana nos enseña que los brujos, exorcistas, esotéricos y aún algunos satánicos controlan a los demonios en el nombre de Jesús: ¿Cuál es el secreto de esto?

Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. (Luc 10:17)

El nombre de Cristo es lo que hace que los demonios se sujeten. No es la persona que lo menciona, sino el poder que se encuentra en el nombre que es sobre todo nombre: Jesús (Efe 1:21)

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre. (Flp 2:9)

Así que cuando vaya a luchar por la fe en medio de esta generación perversa, vaya confiado en el Nombre de Jesús, no en sus fuerzas, nunca podrá con su poder. Pero cuando obtenga la victoria, tampoco se le olvide que se trata de Él, de su poder y de su Soberana Autoridad. Sólo a Dios la Gloria. Me viene a la mente el testimonio de William Schnoebelen, un ex satanista, que en su libro “Lucifer destronado” relata cómo su esposa, al haber intentado por muchos medios síquicos y metafísicos de liberar una casa de “espíritus” malignos, ella invocó el nombre de Jesús y la casa quedó liberada. Posteriormente sucedió lo mismo con una mujer poseída. A sabiendas que este testimonio no es precisamente el más certero para darle poder a mi argumento, sí es cierto que este libro me abrió mucho los ojos acerca del poder del nombre Jesús. La prosperidad Otro argumento común es enseñar (de forma abierta o encubierta) que la evidencia de la buena voluntad de Dios para con sus hijos es que ellos prosperen. “Tu padre es un Rey, y tú eres un príncipe, mereces lo mejor” es un buen razonamiento, pero es antibíblico. Existen muchos ejemplos en nuestros días sobre pseudo-pastores, predicadores, tele-evangelistas, autodenominados apóstoles y líderes carismáticos que se han hecho de iglesias multitudinarias a través de la doctrina del “Evangelio de la prosperidad” Son innumerables los versos bíblicos que utilizan, y dignas de admirar las astucia que utilizan para acomodarlos a sus enseñanzas. Pero la Biblia nos enseña más de lo que yo pudiera explicarles. El Salmo 73  es mi favorito para explicar la suerte de los prósperos malvados.

En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos. (Sal 73:2-3)

Este capítulo describe cómo los hombres prósperos se vuelven más arrogantes, desprecian a Dios y son dignos de reprobación. El salmista declara que por poquito desvía su corazón al ver que los malos prosperan, mientras que el justo sufre.

 Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. (Sal 73:17-18)

Este es el fin de todos los malvados, sean prósperos o sean pobres. Lo que quiero dejar muy en claro es que no estoy enseñando que la prosperidad sea mala. Si Dios te prospera, de Él es la gloria.

El rico y el pobre se encuentran; A ambos los hizo Jehová. (Pro 22:2)

Lo que quiero enseñar, es que la prosperidad económica NO es una evidencia de la unción ni de la buena voluntad de Dios. Puedes estar nadando entre monedas de oro como Rico Mac Pato (y darle las gracias a Dios incluso), pero sobre tu cabeza puede estar pendiendo la copa de la ira de Dios, dispuesta a destruirte por tu iniquidad.

Así ha dicho Jehová mi Dios: Apacienta las ovejas de la matanza, a las cuales matan sus compradores, y no se tienen por culpables; y el que las vende, dice: Bendito sea Jehová, porque he enriquecido; ni sus pastores tienen piedad de ellas. (Zac 11:4-5) Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. (Jer 5:28)

La congregación no está exenta. Aunque como Sodoma y Gomorra, Dios no la destruirá si tan sólo un justo hubiera en medio de ella. Otras manifestaciones mal interpretadas. La profecía, los dones, las lenguas y las revelaciones son falsas evidencias de que una iglesia esté ungida, o llena del Espíritu Santo. Todos estas manifestaciones no sólo pueden ser falsificadas por los creyentes, sino por Satanás mismo. Nuevamente quiero hacer la aclaración que no estoy diciendo que estas cosas sean malas o del diablo. Sino que ellas no garantizan que la iglesia esté viviendo un avivamiento. En la Biblia encontramos infinidad de falsos profetas, dones simulados de lenguas y revelaciones falsas. Josafat (un rey piadoso de Judá) y Acab (Rey malvado de Israel) se reunieron para la guerra.

Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. Entonces el rey de Israel (Acab, el malvado) reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey. (1Re 22:5-6)

Si leemos la historia del reino de Israel, sabremos que estos profetas no rendían culto al Dios verdadero. Sólo pretendían hacerlo.

Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? (1Re 22:7) Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. (1Re 22:9)

Este profeta les dijo:

Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. (1Re 22:17)

Prácticamente les profetizó una derrota, lo cual sucedió, a pesar de que los 400 “profetas” decían que el Señor “los entregaría en su mano”. Los profetas y sus falsas revelaciones son comunes en la biblia.

Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha dicho Jehová, y Jehová no los envió; con todo, esperan que él confirme la palabra de ellos. (Eze_13:6) Dice Jehová: He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: El ha dicho. (Jer_23:31)

Considero me he extendido mucho. Hay mucho material en la Biblia para exponer que ninguno de estos puntos son evidencia de que un hombre, iglesia, ministerio o denominación anda conforme a la voluntad de Dios ni tienen de su “unción”. Dios es soberano, y puede hacer que una iglesia que le ama, que le busca y le agrada tenga todas esas cosas. Pero debemos tener cuidado que no sean el motivo de nuestra búsqueda. Bendiciones

Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Luc 10:20

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Conociendo a Jesús-hombre

Cada vez que leemos el Evangelio podemos ver a Dios a través de Él, y conocerlo. Pero también podemos ver a un hombre que caminó en la Tierra y conoce la forma en la que vivimos. No sólo es un Dios que se interesa en nosotros, sino que es un Dios que sabe lo que es vivir como nosotros.

El propósito de este escrito no es menospreciar la figura de Cristo. El propósito nace de este verso:

 Heb 4:15  Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

Jesús es la manera en la que entendemos a Dios a través de la vida de su Hijo. Pero también es una prueba de que Dios nos entiende, porque él sabe lo que es vivir “bajo el sol”

¿Jesús tenía sentimientos?

Jua 11:35  Jesús lloró.

Mar 6:34  Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas.

Sí, Jesús era un hombre que tenía sentimientos. Si bien, sabemos que el corazón es engañoso más que todas las cosas (Jer 17:9) en Jesús vemos que la vida cristiana no está peleada en sentir piedad y misericordia, o llorar. Sino todo lo contrario, nuestro corazón que ha sido cambiado de piedra a carne puede tener estos sentimientos, sólo hay que cuidar que ellos no dirijan nuestras decisiones.

¿Se enojaba?

Mar 3:5  Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana.

Jua 2:15  Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas;

Jesús sí se enojaba. La Biblia menciona muchas veces en las que Dios se enoja. El único verso que podría condenar tal práctica es:

Mat 5:22  Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

“Algunas versiones agregan sin causa, que capta el espíritu del texto, pero el agregado no se encuentra en los mejores manuscritos” (comentarios Mundo Hispano). También la versión inglesa King James incluye el agregado “sin causa”. Se los dejo a su consideración, amable lector.

De todos modos el apóstol Pablo no condena la práctica de enojarse. Sino que nos pide que cuando nos enojemos, no cometamos alguna locura que redunde en pecado (Efe 4:26  Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo)

¿Tenía necesidades físicas?

Mat 11:18-19  Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Pero la sabiduría es justificada por sus hijos.

Hay muchas partes del Evangelio donde el Señor Jesús se le ve con hambre y comiendo; con sed y bebiendo. Incluso, hay un verso en donde se le puede apreciar cansado físicamente.

Jua 4:6-7  Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.

Podemos asegurar, sin el afán de que por celo religioso taches a este servidor de hereje, que el Señor Jesús también tenía que cumplir las necesidades fisiológicas al ir al baño.

¿Tenía casa?

Jesús tenía una casa en Galilea donde seguramente vivió su infancia con su mamá María y sus hermanos

Jua 1:38, 39  Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima.

Vemos pues que el Señor también practicó la hospitalidad. Bendito Señor que nunca nos ha pedido menos que lo que Él ya hizo antes que nosotros.

También tuvo otra casa en Capernaum. Cuando comenzó su ministerio se movió de habitación desde donde podemos ver que regresaba de sus viajes.

Mar 2:1  Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.

¿Tenía familia?

A diferencia de lo que algunas corrientes podrían decir sobre la perpetua virginidad de María, en el Evangelio se muestra que Jesús tuvo más hermanos:

Mar 6:3  ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.

Jua 19:26-27  Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Este último verso lo coloqué con el afán de que podamos distinguir que así como nosotros nos preocupamos porque a nuestros padres no padezcan, así Jesús le dio a María su madre un instrumento en la Tierra para que ella no quedara desamparada, esto es, a Juan el discípulo amado.

¿Tenía amigos?

Sabemos que el Señor no hace acepción de personas en el juicio. Sin embargo, esto nada tiene que ver con que Jesús, durante su vida terrenal tuviera una cierta afinidad con tres de sus discípulos: Pedro, Jacobo y Juan.

Ellos lo acompañaron en la transfiguración:

 Mat 17:1  Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto;

Ellos vieron la sanidad de la suegra de Pedro

Mar 1:29  Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan.

En la resurrección de la hija de Jairo:

Mar 5:36-37  Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.

Pareciera como si ellos hubieran tenido una relación más estrecha con el Señor durante su ministerio terrenal

Mar 13:3  Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte:

Ellos lo acompañaron en el Getsemaní:

Mat 26:36-37  Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.  Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.

Este último verso transformó por completo mi percepción de Jesús, desde el día en que el Señor me concedió verlo de esta manera: Veo a un Jesús que comió la cena con sus discípulos, que los llevó a los once que quedaban al monte. Pero luego de separarse con aquellos a los que más confianza tenía, al estar a solas en su grupo de intimidad, su rostro se mudó y dejó salir todo el pesar que guardaba en su pecho. Veo a un Jesús muy humano, previo al más grande de sus retos.

¿Tenía tentaciones?

Mat 4:1  Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

Sabemos que cada uno es tentado conforme a sus concupiscencias. En el caso de la tentación de Jesús, el diablo no lo tentó con pasiones desordenadas, con dinero o posesiones, sino que usó de las estrategias comunes que los humanos utilizamos cuando queremos tentar a Dios, provocándole a que manifieste su poder. Pero como Dios no puede ser tentado, así mismo Jesús lo resistió.

Por eso no pensemos que el Señor Jesús no se compadece de nuestras debilidades. Sino que debemos recordar que él vino a salvarnos, porque nosotros no podíamos.

Mar 14:38  Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

¿Jesús necesitaba orar?

Mar 1:35  Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.

Mar 14:32  Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro.

Existen muchos versos, sobre todo en el Evangelio de Marcos, donde el Señor Jesús ora. Antes de cada gran milagro vemos que el Señor oraba mucho. Esto nos impulsa a orar, porque mientras estemos en la tierra, necesitaremos vivir en dependencia y en comunión con el Espíritu Santo, que es nuestra fuerza y poder para poder vivir como sal de la Tierra y como Luz de este mundo.

¿Jesús tenía temores?

Mat 26:37-38  Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

Luc 22:43-44  Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Este tema es más complicado y para una mejor explicación de este tema lee el post:

https://yaorr.wordpress.com/2012/01/25/la-terrible-justicia-de-dios/

Vemos de esta manera que Jesús no sólo es completamente Dios, sino también fue completamente hombre. Si lo comenzamos a conocer de esta manera nos podremos acercar de manera más confiada, y podremos explicarle todas nuestras aflicciones y alegrías en oración sin verlo como un Dios lejano, y comenzarlo a ver como un Dios que nos entiende en todo cuanto decimos.

Te reto a que en tu próxima oración hables con Jesús con naturalidad. Que busques en él a un amigo que te entiende y le platiques la situación que estás pasando con lujo de detalles, con lo que piensas, lo que sientes y luego esperes que el responda de la mejor manera. Apela a su Soberanía, respeta su Sabiduría y descansa en su buena voluntad. Y verás que el Evangelio no se trata  sólo de leer la biblia, sino de tener una comunión con Jesús, tu Señor, tu Salvador y tu Amigo.

 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras

Heb 10:19-23 

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