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Las NO-EVIDENCIAS de la “unción”

Rico mac pato ¿Qué identifica a una buena iglesia? ¿Las multitudes? ¿Los milagros? ¿La prosperidad económica? ¿La fama? En la iglesia contemporánea, estas cosas son enarboladas como credenciales de una iglesia que tiene “unción”, un “avivamiento” o que es “respaldada por el poder de Dios”. Las multitudes “Dios ama las multitudes” se oye recitar desde el púlpito. “Jesús tenía muchas personas que le seguían” este tipo de comentarios si bien son ciertos (porque Dios ama las multitudes y a Jesús lo seguían) no reflejan las verdades plasmadas en la palabra.

“Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí” (Mat 19:2) “…oyendo cuán grandes cosas hacía, grandes multitudes vinieron a él” (Mar 3:8b) “El siguiente día, grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén” (Jua 12:12)

La verdad es que estas personas seguían a  Jesús por los beneficios terrenales que podían obtener al andar con él: sanidades, comida, bebida y espectaculares milagros.

“Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis” (Jua 6:26)

Y luego de un largo discurso, en ese mismo capítulo vemos una actitud de las “multitudes”

“Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Jua 6:66)

Esto es lo que pasa cuando se induce a las personas a seguir a Jesús pero sólo por beneficio. Cristo murió en soledad ¿Cuántos de los 5,000 alimentados estaban con él en su crucifixión? ¿Cuántos de los cuatro mil alimentados esperaron la venida del pentecostés? (Hch 1:15) ¿No eran los que lo recibieron un lunes al cántico de ¡Hossana!, los mismo que el viernes le azotaban con gritos de ¡Crucifícale!? Si bien una buena iglesia podría tener un crecimiento multitudinario (y sería algo bueno), el propósito es demostrar que la muchedumbre no es una evidencia de que se trate de una buena iglesia. La misma historia secular nos invita a reflexionar. A Hitler no lo seguían sólo sus generales, ni sus soldados; sino que todo un país le entregó su voluntad y le siguieron con ánimos a la guerra más terrible que ha sufrido la humanidad. Las multitudes no son evidencia de tener la verdad. Los milagros Los milagros son por mucho una herramienta poderosa para la evangelización. Vemos que los apóstoles hicieron demostraciones del poder de Dios a través de los milagros.

“tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos” (Hch 5:15) “de tal manera que aun se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo (del apóstol Pablo), y las enfermedades se iban de ellos, y los espíritus malos salían” (Hch 19:12)

Y aunque el día de hoy existe una controversia entre el continuacionismo (que los milagros continúan hasta la fecha) y el cesacionismo (que cesaron), no daré mi posición al respecto. Me enfocaré a las declaraciones de algunas iglesias de que los milagros son testimonio de “unción”. Hay una historia relatada por Cristo que nos puede dar una enseñanza clara:

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. (Mat 7:21-23)

Fuerte palabras, sin duda, de parte de nuestro Señor Jesucristo. Aquí podemos ver que hay unos personajes que piensan que por el hecho de profetizar, echar demonios y hacer milagros en el nombre de Jesús, ya por eso eran sus siervos. Qué terrible historia que nos hace reflexionar sobre nuestra verdadera posición como siervos de Dios no con manifestaciones externas sino con nuestra comunión y conocimiento de la persona de Cristo. “Nunca los conocí” les responde el Señor, demostrando de esta manera que ni la profecía, ni echar fuera demonios, ni los milagros son exclusivos de los “conocidos de Cristo” . El Señor no nos deja con la duda ¿Quién es un hombre/mujer de Dios?: “El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Vemos que muchos ministerios basan su “unción” en la cantidad de milagros que se hacen en sus campañas. Estos no son evidencias claras que en verdad entrarán en el reino de los cielos. Los satánicos también hacen prodigios sobrenaturales:

“Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos; pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos (Éxo 7:11-12)

Vemos que aún personas mundanas pueden sacar demonios en el nombre de Jesús.

Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. (Hch 19:13)

Aunque este episodio terminó con consecuencias risibles para los supuestos exorcistas, la práctica cotidiana nos enseña que los brujos, exorcistas, esotéricos y aún algunos satánicos controlan a los demonios en el nombre de Jesús: ¿Cuál es el secreto de esto?

Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. (Luc 10:17)

El nombre de Cristo es lo que hace que los demonios se sujeten. No es la persona que lo menciona, sino el poder que se encuentra en el nombre que es sobre todo nombre: Jesús (Efe 1:21)

Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre. (Flp 2:9)

Así que cuando vaya a luchar por la fe en medio de esta generación perversa, vaya confiado en el Nombre de Jesús, no en sus fuerzas, nunca podrá con su poder. Pero cuando obtenga la victoria, tampoco se le olvide que se trata de Él, de su poder y de su Soberana Autoridad. Sólo a Dios la Gloria. Me viene a la mente el testimonio de William Schnoebelen, un ex satanista, que en su libro “Lucifer destronado” relata cómo su esposa, al haber intentado por muchos medios síquicos y metafísicos de liberar una casa de “espíritus” malignos, ella invocó el nombre de Jesús y la casa quedó liberada. Posteriormente sucedió lo mismo con una mujer poseída. A sabiendas que este testimonio no es precisamente el más certero para darle poder a mi argumento, sí es cierto que este libro me abrió mucho los ojos acerca del poder del nombre Jesús. La prosperidad Otro argumento común es enseñar (de forma abierta o encubierta) que la evidencia de la buena voluntad de Dios para con sus hijos es que ellos prosperen. “Tu padre es un Rey, y tú eres un príncipe, mereces lo mejor” es un buen razonamiento, pero es antibíblico. Existen muchos ejemplos en nuestros días sobre pseudo-pastores, predicadores, tele-evangelistas, autodenominados apóstoles y líderes carismáticos que se han hecho de iglesias multitudinarias a través de la doctrina del “Evangelio de la prosperidad” Son innumerables los versos bíblicos que utilizan, y dignas de admirar las astucia que utilizan para acomodarlos a sus enseñanzas. Pero la Biblia nos enseña más de lo que yo pudiera explicarles. El Salmo 73  es mi favorito para explicar la suerte de los prósperos malvados.

En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; Por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, Viendo la prosperidad de los impíos. (Sal 73:2-3)

Este capítulo describe cómo los hombres prósperos se vuelven más arrogantes, desprecian a Dios y son dignos de reprobación. El salmista declara que por poquito desvía su corazón al ver que los malos prosperan, mientras que el justo sufre.

 Hasta que entrando en el santuario de Dios, Comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos; En asolamientos los harás caer. (Sal 73:17-18)

Este es el fin de todos los malvados, sean prósperos o sean pobres. Lo que quiero dejar muy en claro es que no estoy enseñando que la prosperidad sea mala. Si Dios te prospera, de Él es la gloria.

El rico y el pobre se encuentran; A ambos los hizo Jehová. (Pro 22:2)

Lo que quiero enseñar, es que la prosperidad económica NO es una evidencia de la unción ni de la buena voluntad de Dios. Puedes estar nadando entre monedas de oro como Rico Mac Pato (y darle las gracias a Dios incluso), pero sobre tu cabeza puede estar pendiendo la copa de la ira de Dios, dispuesta a destruirte por tu iniquidad.

Así ha dicho Jehová mi Dios: Apacienta las ovejas de la matanza, a las cuales matan sus compradores, y no se tienen por culpables; y el que las vende, dice: Bendito sea Jehová, porque he enriquecido; ni sus pastores tienen piedad de ellas. (Zac 11:4-5) Se engordaron y se pusieron lustrosos, y sobrepasaron los hechos del malo; no juzgaron la causa, la causa del huérfano; con todo, se hicieron prósperos, y la causa de los pobres no juzgaron. (Jer 5:28)

La congregación no está exenta. Aunque como Sodoma y Gomorra, Dios no la destruirá si tan sólo un justo hubiera en medio de ella. Otras manifestaciones mal interpretadas. La profecía, los dones, las lenguas y las revelaciones son falsas evidencias de que una iglesia esté ungida, o llena del Espíritu Santo. Todos estas manifestaciones no sólo pueden ser falsificadas por los creyentes, sino por Satanás mismo. Nuevamente quiero hacer la aclaración que no estoy diciendo que estas cosas sean malas o del diablo. Sino que ellas no garantizan que la iglesia esté viviendo un avivamiento. En la Biblia encontramos infinidad de falsos profetas, dones simulados de lenguas y revelaciones falsas. Josafat (un rey piadoso de Judá) y Acab (Rey malvado de Israel) se reunieron para la guerra.

Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. Entonces el rey de Israel (Acab, el malvado) reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey. (1Re 22:5-6)

Si leemos la historia del reino de Israel, sabremos que estos profetas no rendían culto al Dios verdadero. Sólo pretendían hacerlo.

Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? (1Re 22:7) Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. (1Re 22:9)

Este profeta les dijo:

Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. (1Re 22:17)

Prácticamente les profetizó una derrota, lo cual sucedió, a pesar de que los 400 “profetas” decían que el Señor “los entregaría en su mano”. Los profetas y sus falsas revelaciones son comunes en la biblia.

Vieron vanidad y adivinación mentirosa. Dicen: Ha dicho Jehová, y Jehová no los envió; con todo, esperan que él confirme la palabra de ellos. (Eze_13:6) Dice Jehová: He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: El ha dicho. (Jer_23:31)

Considero me he extendido mucho. Hay mucho material en la Biblia para exponer que ninguno de estos puntos son evidencia de que un hombre, iglesia, ministerio o denominación anda conforme a la voluntad de Dios ni tienen de su “unción”. Dios es soberano, y puede hacer que una iglesia que le ama, que le busca y le agrada tenga todas esas cosas. Pero debemos tener cuidado que no sean el motivo de nuestra búsqueda. Bendiciones

Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Luc 10:20

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El peor de los ciegos

Había un hombre ciego que era muy sabio, según él. Tenía mucho conocimiento y mucha ciencia. Aseguraba que el mundo era oscuro, que sólo se debía palpar, que era imposible que existiera algo más que lo que se podía tocar. En el país de los ciegos se hizo muy famoso, con su filosofía dejaba boquiabierto a sus oyentes. Multitudes corrían a escucharle.

Un predicador pasó, y con las Escrituras le enseñó las verdades del Evangelio y de repente su ceguera desapareció. Supo que aparte de las cosas que él tocaba existían muchas más. Conoció que el cielo era azul. Supo que existían las formas en superficies planas y que aún los animales tenían pelaje de diferentes colores. También conoció que había cosas que no podía conocer sino por la vista, las nubes y las estrellas, y el sol que desde su condición terrenal, le era imposible conocer salvo por el calor que emanaba.

Pero dándose cuenta que por ello perdería el tener la razón, su gloria y su fama, decidió no seguir por ese Camino.

Un día el predicador regresó y quiso convencerlo de que volviera a ver, pero ya no era posible, él mismo se había sacado los ojos.

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Satanás predicando el Evangelio

Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella. Y salió en aquella misma hora (Hch 16:16-18)

La primera vez que leí este verso me pregunté ¿Por qué Pablo reprendió a la muchacha que los estaba “ayudando”, esto es, dándoles publicidad en un lugar en donde ellos eran desconocidos?, y posteriormente, cuando lo volví a leer me pregunté ¿Qué hacía un espíritu de maligno proclamando a Dios y a sus siervos?…

En este verso podemos aprender muchas cosas, que son de vital importancia en los tiempos en los que estamos viviendo.

Los falsos espíritus pregonan a Dios

Es común que una persona te diga: “Pero si yo creo en Dios”, a respuesta de esto yo siempre digo: si Satanás también cree en Dios. El apóstol Santiago lo expresó mejor que yo: “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan (Stg 2:19)”. Esto nos abre el entendimiento a comprender la situación tan desgraciada de estos seres espirituales. A la verdad creen en Dios, saben que él es su Juez, y reconocen su poderío. Esto lo pudimos ver muchas veces cuando los demonios reconocían que Jesús era el Hijo de Dios, y que venía a atormentarlos (Mat 8:29)

Vemos pues, que el proclamar a Dios no es evidencia de ser un hombre de Dios, ni tampoco de poseer el Espíritu Santo. El mismo Jesús dijo “Mat 7:21a  No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos…” y esto es, porque no todo el que “tiene a Jesús en la boca” lo tiene en el corazón.

Leer la Biblia no es tampoco una evidencia de ser un siervo de Dios. Satanás mismo utilizó las Escrituras cuando tentó a Jesús en el desierto (Mat 4:6) y los fariseos conocían la Ley y los profetas de principio a fin, pero aún así no tenían la capacidad de comprenderla.

Toda apariencia de piedad, como la tuviera Judas, ni la abnegación de Ananías y Safira, son evidencias que el corazón de un hombre es completamente volcado hacia la verdad.

Así que ahora no me sorprende leer que un espíritu de adivinación estuviese proclamando que existía un Dios Altísimo. Muchos hoy creen en Dios, pero no “le creen”. Saben que Dios existe, pero no le conocen. Así, un instrumento de Satanás bien puede proclamar de las grandezas de Dios sin necesidad de haberlas experimentado.

 

Los falsos profetas exaltan a los hombres.

Otro punto a notar es que no es posible que este espíritu de adivinación estuviese interesado en la salvación de las almas,  mucho menos de la de la señorita a la que mantenía posesionada. El apóstol Pablo nos dice claramente  “Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo (1Co 12:3)”. Esto es, que los Espíritus inmundos no reconocen a Jesús como su Señor, y por ende, no están interesados en obedecerle voluntariamente.

Me impresiona que este espíritu (el que tenía posesionado a esta muchacha) dirigía su discurso hacia la figura de los apóstoles “Son siervos del Dios Altísimo”. Y esto me impresiona más, debido a las tendencias actuales de convertir a los siervos de Dios en ídolos, en patrones para seguir y no sólo como instrumentos de la salvación. Este tipo de “huecas sutilezas” desvían la atención que se debe de tener en el “Autor y consumador de la fe” hacia sus instrumentos. No tengo ningún inconveniente en señalar los muchos hombre y mujeres “de Dios” que buscan la admiración de los hombres. Es obvio, no es el caso de todos los cantantes, evangelistas y predicadores, pero hay algunos casos demasiado obvios. Una cosa es dejar todo por el Evangelio, y otra es tomar el Evangelio cuando ya no te quedaba más que dejar.

Esto es precisamente lo que representaba esta muchacha: Es una imagen de un falso profeta, que proclama un Evangelio distorsionado, y que no tiene el Santo Espíritu.

 

¿Justifica los medios?

“mas desagradando a Pablo”… esta fue la actitud del apóstol ante esta situación. Mucho se ha especulado si la razón de su enojo fue porque la persistente repetición cansó al apóstol o porque se llenó de ira contra el espíritu que tenía cautiva a la muchacha, no sólo a Satanás, sino a sus patrones que lucraban con ella.

Independientemente de la razón específica podemos notar que a Pablo no le interesó el beneficio que pudiese traer a su ministerio la vociferación de la joven. Si el mismo Satanás te anuncia, no es precisamente tu mejor carta de presentación. Pero además, aprendemos del apóstol que por encima de cumplir su misión, se encontraba la integridad de su ministerio. Digamos que en el verdadero Evangelio “El fin no justifica los medios”.

Es necesario que nos pongamos pensar si los métodos que utilizamos para evangelizar son correctos. ¿En algún momento hemos empeñado nuestra integridad a fin de ganar un alma?… Entiendo verdaderamente lo complejo de este asunto, por cuanto el mismo Pablo se decía hacerse judío para ganar a los judíos, y gentil para ganar a los gentiles. Pero no me deja de dar vueltas mi cabeza sobre las muchas cosas que hoy se admiten dentro de las iglesias cristianas con el fin de “ganar almas para Cristo”, o que se toleran con tal de que “no se pierda una oveja”. Como decía el predicador Paul Washer: “A las sectas les importa lo que funciona, nosotros nos importa la verdad” Pidamos sabiduría al Señor en este punto.

Lo que sí nos enseña claramente la Escritura es a nunca hacer negocios con el maligno.

 

Es necesario reprenderlos

El acto inmediato del apóstol es reprender a este espíritu. Creo que no tenemos ningún inconveniente en este punto. Todo espíritu que es contrario a la voluntad de Dios es un peligro latente dentro de toda iglesia, y es menester tomar cartas en el asunto.

Toda actividad, persona o doctrina que esté llevando al Cuerpo de Cristo hacia un problema, es necesario confrontarlo. No hay excusas. El buen pastor es aquél que da su vida por las ovejas, el asalariado hará como que no vio nada y seguirá adelante.

Conclusión

El apóstol Juan habla de esto más claramente: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo (1Jn 4:1)”.  Notemos pues, que los falsos espíritus estás necesariamente ligados a los falsos profetas (“Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas (1Co 14:32)”. No miremos a los hombres por ningún motivo. Nadie, sino sólo Dios sabe lo que se esconde en el corazón de los hombres. No sabemos cuando un ministro alaba a Dios por lucro, o cuando un pecador se ha verdaderamente arrepentido. Por eso hay que tener…

Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios

Heb12:2

Espero haya sido de bendición

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