La Lucha interna


lucha interna

“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.” (Rom 7:18 -19)

El apóstol Pablo nos describe su situación y la de todos nosotros, aún de aquellos que somos cristianos, esto es, nuestra carne le gusta el pecado y se inclina hacia el pecado.

Esto es un poco chocante para algunos cristianos, porque pareciera que esta enseñanza quisiera justificar al cristiano de caer en pecado (“Es que la carne es débil” podría decir alguno). Pero esto nos enseña un realidad de la cual debemos estar conscientes, y es que aunque hemos sido renovados (El que robaba ya no roba; el maldiciente habla correctamente; el alcohólico vive sobrio; el que odiaba a Dios, lo ama), y aunque hemos sido bautizados con el Espíritu Santo de Dios, arras de nuestra de nuestra herencia; eso no significa que no podamos ser tentados, influenciados por el mundo y aún arrastrados al pecado.

Ahora bien este tema es muy amplio, y voy a tratar de resumirlo a manera de preguntas.

¿Es normal la lucha interna entre querer obedecer a Dios y los deseos de la carne?

Sí, es normal. El apóstol Pablo en el mismo capítulo 7 de Romanos menciona:

“Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.” (Rom 7:22-23)

Así nosotros amamos la Ley de Dios, nos gusta estar en paz con Él y nos fascina mantenernos en santidad. Sin embargo, existe esa naturaleza pecaminosa que también le gusta el pecado, contra la cual debemos luchar.

¿De dónde proviene esta doble naturaleza?

Sabemos que provenimos de Adán, padre de todos los hombres. Él y su esposa Eva pecaron contra Dios y fueron expulsados del Edén (Gén 3:24)

A partir de ese momento la raza humana cayó. Sus hijos tuvieron la misma naturaleza caída (condenados a la muerte), y los hijos de ellos también. Esto lo explica mejor la Biblia:

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom 5:12)

Tengo que hacer un paréntesis. La muerte viene por el pecado, pero el pecado es parte de la naturaleza humana. Por lo cual todos estamos condenados a la muerte.

También la Palabra de Dios nos explica:

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1Co 15:22)

Haciendo una clara referencia que nuestra naturaleza pecaminosa es derivada de Adán, mientras que nuestra naturaleza espiritual es por creer en Cristo.

¿Cómo distingo los deseos de la carne de los del Espíritu?

La Biblia nos dice cuáles son los frutos (o manifestaciones) de la carne y cuáles los del Espíritu.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley” (Gál 5:19-23)

La pregunta que nos debemos hacer es: ¿Qué clase de frutos estamos dando? Si son frutos de la carne es porque no estamos lidiando con ella. Si son frutos del Espíritu, es porque estamos buscando más de Cristo.

Si siembras pecado, segarás carnalidad. Si siembras en el Espíritu, segarás espiritualidad

“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gál 6:8)

¿Cómo alimentar al Espíritu?

La Biblia nos enseña los métodos para alimentar el Espíritu:

La oración.

Si no sabes orar, te invito a que leas Mateo 6:9-13 donde Cristo les enseña a orar a sus discípulos, aunque no es el caso de este escrito. Jesús enseña que una forma para no sucumbir a las tentaciones es orar.

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mar 14:38)

Vemos a Jesús orando mucho y constantemente. Si Cristo oraba ¿Cuánto más debemos nosotros orar?

Leer la Biblia.

La Palabra de Dios es la herramienta por excelencia para poder ser fuertes ante los deseos de la carne. La Palabra de Dios no solo nos limpia, sino que sus enseñanzas nos transforman, nos dan entendimiento y nos permiten cambiar nuestra mente como la de Dios. La Palabra nos enseña cuán fútil e insensato es perseverar en el pecado. La meditación en la Palabra nos permite ser cada vez más como es Cristo: Santo, así como nuestro Padre es Santo.

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” (Jua 17:17)

Mortificar la carne.

La herramienta más común es el ayuno. Pero en general, es necesario no permitir que la carne tome lugar primordial en nuestra vida. Es necesario desechar cosas que nos incitan a pecar, alejarnos (pero no tanto que nos volvamos ermitaños) de ambientes y situaciones que sabemos que no son buenas para vivir agradando a Dios.

“Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.” (Jua 17:14-15)

Y quiero hacer un énfasis en esto, pues aunque sabemos que alejarse “del mundo” luego trae religiosidad, fariseísmo y hasta una mala imagen del evangelio, es necesario que cada uno tome su cruz y muera a sí mismo cada día. En muchas iglesias en la actualidad se evita hablar de esto, pero es necesario que se enseñe, porque si no abandonas nada por el Evangelio nunca serás un buen cristiano. El cristiano siempre marca la diferencia, es distinto, es santo.

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jua 15:19)

Si eres igual a como eras antes de venir a los pies de Cristo, entonces el mundo te amará, por cuanto eres igual a ellos.

¿Hasta cuándo lidiaremos con el pecado en nuestros miembros?

Como la naturaleza pecaminosa la heredamos de Adán y está sujeta a nuestra carne (sí, ese cuerpo moribundo en el que habitas), entonces lucharemos con nuestras pasiones durante toda nuestra vida bajo el sol.

Por eso seremos transformados:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.” (1Co 15:51-52)

He aquí que en la resurrección de los muertos todos los que creemos en Cristo seremos transformados. En este nuevo cuerpo ya no tendremos inclinación al pecado y por lo tanto las cosas santas se nos harán más sencillas y nos deleitaremos en ellas como hoy la carne se deleita en el pecado.

Esta es una excelente promesa para esperar con paciencia el regreso de Cristo, y no ver la muerte como el fin de las cosas sino como el inicio de algo mejor

Reflexiones

Los deseos de la carne no se alimentan con esfuerzo, sino que son fáciles para nosotros por cuanto así es nuestra naturaleza.

El enemigo nos tienta, el mundo nos seduce, pero nuestro mayor enemigo somos nosotros: nuestros pensamientos, deseos, actitudes y sentimientos. Debemos hacernos responsables y dejar de culpar a otros.

En Cristo somos competentes para resistir toda tentación. No tenemos excusas.

Tampoco es bueno afanarse en esta lucha. Hay cosas más importantes en el evangelio como la predicación, el amor, la paz, etc. Yo recomendaría afanarme más en tener los frutos del Espíritu que en evitar los frutos de la carne. Al sembrar los primeros, automáticamente los segundos comienzan a menguar.

Y mi eterna recomendación: Ora.

Ora de mañana, en lo íntimo, ora en tu mente, ora en el coche, ora en el trabajo. Ora por todo y por todos. Aprenderás de un Dios que tiene control de todo.

Bendiciones

Anuncios
Etiquetado , , , , , ,

Un pensamiento en “La Lucha interna

  1. por tu esfuerzo y dedicación he decidido nominarte al premio de “sueños infinitos”, del cual puedes leer más en mi blog. bendiciones 😀

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: