La terrible justicia de Dios


El juicio  de Dios

¿Saben por qué el infierno es tan terrible? En el infierno fue creado para los ángeles que se rebelaron contra Dios.

“Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio” (2Pe 2:4)

Verán. Estos seres tenían el privilegio de estar con Dios y presentarse delante de él, como lo vemos en Job, donde dice Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios” (Job 1:6). Aquí se refiere a los ángeles. Y también en “Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda” (1Re 22:19). Aquí también se refiere a los ángeles, los cuales son sus ejércitos (Jehová Shabaot, significa Jehová de los ejércitos). Y aunque estaban delante de Dios y gozaban delante de su presencia (quién no quisiera estar allí) siguieron a Satanás, el cual quiso ocupar el lugar de Dios.

“Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isa 14:13-14)

Y un tercio de los ángeles fueron arrastrados por él en su rebelión “y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra” (Apo 12:4). Y precisamente esta rebelión se convertía en un gran pecado mucho más grande que el que un humano puede hacer, por cuanto nosotros no tenemos el privilegio de verlo como estos ángeles lo hacían. Así, por la justicia de Dios se hacen merecedores de un castigo terrible.

Por esto, el infierno es TERRIBLE, por causa de la justicia de Dios.

Ahora bien, es necesario que entendamos antes que nada que Dios es Justo (Sal 119:137  Justo eres tú, oh Jehová), esto es, que le da a cada uno conforme a lo que se merece (tarde o temprano, pero lo hace). La justicia y el juicio son el cimiento de su trono (Sal 97:2). Dios no puede ser distinto, Él es Justo y no sólo eso, sino que Él define la justicia. Toda persona que actúa como Dios, actúa con justicia. Todo aquél que actúa de manera distinta, se aleja de la justicia y se convierte en un injusto. Lo mismo podemos ver en cuanto a la Santidad, Dios define lo que es Santo y lo que no. Todo lo que se parece a Él es santo, mientras que todo lo que se contrapone, se llama pecado.

Y de hecho, la justicia de Dios es la que trae premios a la santidad, y castigo al pecado. Y Dios aborrece el pecado.

“Jehová prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece” (Sal 11:5)

“Y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago” (Deu 7:10 )

 “Los insensatos no estarán delante de tus ojos; Aborreces a todos los que hacen iniquidad.”(Sal 5:5)

Así, el pecado tiene solamente un pago “Porque la paga del pecado es muerte” (Rom 6:23 a), “He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá” (Eze 18:4). Por justicia, el único pago del pecado es la muerte.

Así, la muerte pasó a los hombres: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Rom 5:12).

Estaba destinado, pues, a que el juicio de Dios se llevará a cabo a cada uno. “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Heb 9:27). Es necesario que la justicia se cumpla debido a las transgresiones cometidos.

 

El juicio de las naciones

El juicio de Dios no sólo se concentra a nivel personal, sino también para las naciones enteras.

El Señor le dijo esto a Abraham:

“Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí” (Gén 15:15- 16)

Mientras el pueblo amorreo no hubiera llegado a su colmo, no iban a ser destruidos. El pueblo de Israel iban a ser esos instrumentos de juicio de Dios. Mas Luego le dijo al pueblo de Israel a través de Moisés: “Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado;” (Deu 20:16-17)

Esto es, cuando la maldad llegó a su punto, entonces el Señor envió su juicio contra estas naciones paganas “Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra;” (Jos 24:18 a)

Este mismo juicio fue pronunciado contra Jerusalén utilizando como símbolo una copa que se llena, hasta que llega “el colmo” y se derrama:

“Despierta, despierta, levántate, oh Jerusalén, que bebiste de la mano de Jehová el cáliz de su ira; porque el cáliz de aturdimiento bebiste hasta los sedimentos” (Isa 51:17) En este verso el Señor le comunica al pueblo de Jerusalén que han de probar su ira. Ésta se representa como una copa con una bebida que causa aturdimiento. Una manera de entender este verso es la frase coloquial “pasar un trago amargo”. El Señor le iba hacer beber al reino de Judá la bebida de su venganza, la cual, por desgracia no es dulce sino amarga.

“Así ha dicho Jehová el Señor: Beberás el hondo y ancho cáliz de tu hermana, que es de gran capacidad; de ti se mofarán las naciones, y te escarnecerán” (Eze 23:32). Aquí el Señor les dice que han de beber del mismo cáliz del que bebió Samaria, que era la capital del reino de Israel, el cual había caído bajo el ejército de Asiria. Dios les decía, que debido a su pecado, también ellos iban a ser destruidos ¿Por gusto? No, sino por justicia.

“Por toda la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, que han hecho para enojarme, ellos, sus reyes, sus príncipes, sus sacerdotes y sus profetas, y los varones de Judá y los moradores de Jerusalén. Y me volvieron la cerviz, y no el rostro; y cuando los enseñaba desde temprano y sin cesar, no escucharon para recibir corrección. Antes pusieron sus abominaciones en la casa en la cual es invocado mi nombre, contaminándola. Y edificaron lugares altos a Baal, los cuales están en el valle del hijo de Hinom, para hacer pasar por el fuego sus hijos y sus hijas a Moloc; lo cual no les mandé, ni me vino al pensamiento que hiciesen esta abominación, para hacer pecar a Judá” (Jer 32:32-35)

Si leemos la Biblia, vemos que el juicio de Dios es justo, pero por desgracia trae consecuencias terribles cuando se ejecuta la sentencia.

“Samaria será asolada, porque se rebeló contra su Dios; caerán a espada; sus niños serán estrellados, y sus mujeres encintas serán abiertas” (Ose 13:16)

 “Llena está de sangre la espada de Jehová, engrasada está de grosura, de sangre de corderos y de machos cabríos, de grosura de riñones de carneros; porque Jehová tiene sacrificios en Bosra, y grande matanza en tierra de Edom” (Isa 34:6)

Estos versos los utilizo no como queriendo hacer resaltar a un Dios sanguinario, como muchos escépticos dicen; sino para ilustrar la retribución del pecado, por cuanto la justicia de Dios se cumple. Dios es soberano en cómo impartir justicia, porque Él es la justicia. Este cuadro se representa mejor en los escenarios mencionados por los profetas como el día de Jehová:

Isa 13:9  He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores.

Nah 1:5  Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan.

Jer 46:10a  Mas ese día será para Jehová Dios de los ejércitos día de retribución, para vengarse de sus enemigos; y la espada devorará y se saciará, y se embriagará de la sangre de ellos; 

Eze 30:3  Porque cerca está el día, cerca está el día de Jehová; día de nublado, día de castigo de las naciones será.

Joe 1:15  ¡Ay del día! porque cercano está el día de Jehová, y vendrá como destrucción por el Todopoderoso

Abd 1:15  Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo; tu recompensa volverá sobre tu cabeza.

El día de Jehová no es un día de castigo insensible, sino un día de juicio que inevitablemente trae castigo, debido a la justicia de Dios.

Dios es justo. Y en eso está sustentado su trono (Sal 97:2).

Si usted presentara ante Dios a un asesino y Dios lo absolviera sin ningún reparo ¿No sería esto injusto?; Y si los hombres hacen justicia, aunque no perfecta pero lo intentan ¿Dios no será más justo?; Y si un hombre robara algo y usted lo pudiera presentar ante el trono blanco ¿Dios le diría que no hay ningún problema? Si así fuera ¿En qué estaría sustentada nuestra fe?… Si Dios no fuera justo, ni le diera el pago a la humanidad conforme a sus obras ¿De qué serviría obedecer sus mandamientos?

Muchas veces el problema del hombre es que menosprecia la justicia de Dios, no la conoce. Pero eso no significa que la justicia de Dios se quebrante, ni que se realice su juicio, ni que la sentencia se dicte, ni mucho menos que se ejecute.

Las naciones han de beber el cáliz de la ira de Dios. Es necesario que se pague la justicia. La justicia de Dios no puede ser endeble, si no, el trono de Dios se caería desde sus cimientos. Y eso es imposible.

 

El juicio en la cruz

Leamos con atención el siguiente texto.

Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú. (Mar 14:34 -36)

Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras (Mar 14:39)

Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores (Mar 14:41)

¿Qué esta oración de Jesús? ¿Por qué incesantemente ora por la misma cosa? Muchos creen una aberración pensar que Jesús tenía miedo de ir a la cruz a morir.

Luc 22:44  “Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.”

La medicina nos aporta un dato, pues existe el fenómeno de la hematidrosis. Este fenómeno se caracteriza porque el cuerpo puede sudar sangre cuando una persona se encuentra en un estado de temor sumamente extremo.

¿Pero por qué Jesús podría tener tanto miedo? Antes de que me tachen de hereje, déjenme concluir. Porque es un absurdo pensar que Jesús tenía miedo de morir en la cruz a causa del dolor físico que iba a sufrir. Esto se queda muy corto, es muy poco para que el Señor Jesucristo ore incesantemente en el huerto del Getsemaní.

Ciertamente la crucifixión fue dolorosa, a la verdad el sufrimiento físico fue terrible, pero nada como para que el Hijo de Dios ore “que si fuese posible, pasase de él aquella hora”. Porque los apóstoles murieron de manera terrible según la tradición cristiana. Más aún, muchos murieron crucificados antes de Jesús y muchos más después de Jesús. Al circo romano, los cristianos entraban cantando salmos, himnos y alabanzas; morían cantando mientras sus cuerpos eran desgarrados por los leones. Y también Esteban “Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios” (Hch 7:55).

¿Qué pues estaba pasando en el Getsemaní?

La copa que Jesús iba a probar, el cáliz que se encontraba por beber, no era sino la ira del Dios vivo. El castigo de la ira del Todopoderoso. Jesús iba a beber hasta los sedimentos del cáliz del juicio, que le correspondía sólo beber a los pecadores. Esto es, a ti, a mí y a toda la humanidad.

Jesús no sólo iba a sufrir un castigo físico, sino que también tenía que pagar el pecado de todos, con el único pago posible: la muerte. Tenía que enfrentarse al castigo de Dios.

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento” (Isa 53:10)

La justicia de Dios no se puede burlar. La justicia de Dios es necesario que se cumpla. La justicia de Dios es terrible desde la perspectiva de la humanidad, por cuanto “Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Sal 14:3). Todos los hombres estábamos condenados a sufrir la ira de Dios, el infierno. Por cuanto así como los ángeles tuvieron a Dios y se rebelaron, así la humanidad tuvo al Hijo de Dios y lo rechazaron. Por eso, el infierno es también para los humanos y no sólo para los ángeles caídos (Luc 16:23: “Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno”).

Jesús cumplió la justicia de Dios en sí mismo.

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él. (2Co 5:21)

Llevando nuestros pecado, Jesús se hizo el hombre más pacador. Llevando nuestras maldiciones, se hizo el hombre más maldito. (Gál 3:13  Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),). Teniendo la preeminencia se hizo el ser más bajo y despreciable delante de Dios.

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mat 27:46) Es el grito de Jesús en la cruz cuando por nuestras rebeliones no sólo sufría físicamente, sino que se encontraba en la condición más miserable, esto es, alejado de Dios. Eso es lo que hace el pecado. Y Dios aborrece al pecado, Dios aborrece también al pecador (Sal 5:5)

Piensa en esto cada vez que mires a la cruz. Jesús pagó algo que no podemos pagar y salir vivos, la justicia divina.

Nosotros somos excluidos del castigo (infierno) porque Cristo pagó la justicia, y por fe en él somos justificados. Si podemos entrar al reino de los cielos es por justicia, la cual ya se cumplió en la cruz del calvario. No por nuestra justicia, sino por la justicia de Cristo; no por nuestras obras, sino por la fe que depositamos en él, en su sangre, en su sacrificio y en su resurrección. Así, el hombre es absuelto de su culpa y Dios permanece justo.

 

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Isa 53:5

 

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , , , ,

3 pensamientos en “La terrible justicia de Dios

  1. pedro dice:

    y anulando el acta y era en contra de nosotros y clavandola en la cruz,y triumfando sobre satanas y los demonios,los puso en verguenza ,triumfando sobre ellos en la cruz.

  2. Caleb Hailey Drasperton dice:

    En mi cólera, en mis celos, en el ardor de mi furia lo digo S , aquel d a habrá un gran terremoto en el suelo de Israel.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: