El castigo de la rebeldía


–          ¿Y qué piensan de ese tal Elías?

–          ¿Elías?, ¿cuál Elías, el hijo de Abías?

–          No, me refiero a Elías, el tisbita. El profeta que anda trayendo conflictos con el rey y con el reino de Israel.

–          Ah!!… fanático, eso es lo que es… La escuela de los profetas es una doctrina anticuada que nada de provecho le trae a los que se meten por esos caminos. Ya ves lo que le ha pasado al hijo de mi vecino, que andando con esos profetas fue aserrado vivo en el Neguev por los pobladores del sitio, a lo que no les gustaron las palabras que les dijo.

–          Y el otro día supe que atraparon a varios profetas de Adonai, y los mataron por órdenes de la reina. Dicen que como 100 escaparon, quién sabe a dónde se refugiaron, pues no los han podido encontrar.

–          Fracasados, eso es lo que son. Bien que nos ha ido el someternos al rey Acab y a la reina Jezabeel, y nos ha dado buenos puestos, y nuestros hijos son ministros. Y todo el que ha sabido de obediencia a nuestra autoridad, le ha venido la bendición de Dios y la prosperidad ha llegado a su casa.

–          Eso es lo que digo yo ¿Qué le cuesta a ese Elías darle la razón al rey Acab?, si así fuese, con la fama que le precede bien podría ser jefe de los profetas de Baal, y comer directamente de la mesa del rey. Pero creo que esa gente está loca, como que les encanta sufrir, como que les gusta vivir como mártires.

–          A mí se me hace que lo que quiere es fama y que la gente lo siga a Él.

–          Si, verdad. A mí se me hace que quiere levantar a los fanáticos en contra del rey Acab. Y el rey los anda persiguiendo para no se hagan más.

–           Además esos profetas los de Adonai y los de Baal son lo mismo. Ya ves que varios han salido de ellos, que una vez que tienen fama, comienzan a cobrar por profetizar, o sólo dicen lo que la gente quiere.

–          O como el que vino el otro día, que era de los profetas de Baal. Que comenzó a decir que Dios iba a abrir las ventanas de los cielos, y que iba por fin a volver a llover. Muchos les dieron ofrendas y becerros, pero hasta el día de hoy, el cielo sigue cerrado.

–          ¿Y qué pasó con el profeta?

–          Nada he sabido de él. Seguramente ha repartido el botín que ha tomado de los incautos.

–          Pues éste Elías ha de ser similar. Mira que no hacerle caso al rey, si desde que Acab y su padre Omri nos gobiernan, mejor le ha ido a Samaria. Ya por fin podemos decir que somos el verdadero Israel. Nuestros vecinos nos respetan. Los de Judá nos temen… No sé qué quiere este Elías de nosotros, que nos volvamos a Adonai, pero es que no sabe que con Adonai, nos iba muy mal.

–          Pero es que Adonai es nuestro Dios, el Dios de Israel.

–          Sí, pero no le veo nada de malo que también llevemos nuestras ofrendas a Baal. Mira que desde que Jezabeel nos hizo el templo y el altar, hemos ganado muchas batallas, y nuestro reino ha prosperado en gran manera. Además somos más los que ofrendamos a Baal, y la multitud es símbolo de que Dios nos prospera

–          Pero no hay lluvia.

–          Pero no tarda mucho y vuelve a llover, sólo necesitamos seguirle dando ofrendas a Baal y de seguro que llueve.

–          Y sujetarnos al rey y a la reina.

–          Claro, porque de la obediencia a nuestros líderes proviene la bendición.

–          Y a Dios también.

–          Pero nuestros líderes son puestos por Dios, así que si hacemos lo que el rey Acab y la reina Jezabeel dicen sin cuestionar, así estamos obedeciendo a Dios. Nadie que no obedezca, puede tener la unción de Dios. ¿O no?

–          Claro. Tienes razón. Así que si el rey nos pide que adoremos a Baal, a Baal adoraremos.

–          Y a ése Elías, sólo habrá que esperar que le venga su castigo, que la maldición de su rebeldía caiga sobre su cabeza.

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Un pensamiento en “El castigo de la rebeldía

  1. alexisrh76 dice:

    Una conversación de un israelita con otro. O también puede ser un actual “necio cristiano” con otro. No hay nada nuevo bajo el sol. Las mismas mentiras y la misma Verdad.

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