El niño en la olla de fuego


Un día un hombre iba caminando por la calle y escuchó a una mujer llorando dentro de su casa. Miró por la ventana y descubrió que lloraba mientras miraba hacia la olla de su cocina. Dentro de la olla se encontraba el cuerpo de su hijo el cual ella había decidido cocinar a causa del hambre que tenía. Sí, su hijo. De repente éste hombre se horrorizó ante tal situación y no supo qué hacer. Primero pensó en llamar a la policía, pero no pudo. Sabía que la mujer no lo había hecho con agrado, sus lágrimas la delataban. Pero también pensó que eso no la justificaba. Así que llamó al policía más cercano y éste al ver a la mujer y lo que tenía en la olla se irritó mucho y dijo: -¿Por qué no compartes de tu alimento no habiendo más comida en esta ciudad?- Así, trato de apartar a la mujer delante de la olla, pero ella no se dejó. Comenzó a forcejear con el policía de tal manera que en la pelea, la olla comenzó a tambalearse y dejó caer parte del caldo sobre el piso en el cual resbalaron los que discutían.

El hombre no podía creer lo que estaba viendo. El policía en lugar de castigar el delito, se convertía en partícipe, por cuanto el hambre era terrible en la ciudad. Mientras tanto, los vecinos comenzaban a salir al escuchar los gritos de éstos dos. Algunos curiosos se acercaron y al ver el contenido de la olla, algunos se indignaron y otros gritaron del horror: -¡Cómo no nos invitaron antes!- Dijeron.

Así, este hombre se tuvo que hacer a un lado mientras las personas trataban de entrar desesperadamente en la casa, pues el olor de la infusión corría sobre las alas del viento hasta las casas de alrededor. Sorprendido de ésta situación y de ver cómo se había corrompido tanto la ciudad en la que habitaba comenzó a llorar. Estos hombres y mujeres llegaban a la cocina y sacaban los miembros del infante para comerlos sin freno, y sin reservas de que se trataba de una abominación.

Las lágrimas se derramaban desde los ojos de éste hombre a manera que comenzó a gemir y doblarse del dolor, pues lo que veía no sólo era asqueroso, sino triste. Si al menos algún general los hubiera venido a rescatar, la ciudad no estaría encerrada y los víveres llegarían y serán saciados como antes. Pero ninguno había llegado.

Éste hombre llegó a su casa desconcertado. Abrió su biblia y comenzó a leerla. Su vecina entonces llegó por la calle y comenzó a drogarse. Preparó una dosis en su jeringa dejando las ventanas abiertas y este hombre la pudo ver. Después llegó su esposo, al verla la comenzó a golpear por haberse gastado el dinero en droga, para luego meter a sus amigos para que bebieran y se drogaran con el producto que la mujer no había podido consumir.

El hombre tomó su Biblia y se alejó de la ventana tratando de leerla en un lugar apartado, pues todo ese escándalo no le dejaba concentrarse. Una vez que se apartó de la ventana llegó el hijo de la vecina, el cual tomó la jeringa que su madre había dejado.

La diferencia era que nadie iba a llorar una lágrima por este último, por mucho que las manos de su madre lo hubieran llevado a la muerte, ni porque el pecado por el que se trataban de adueñar en su casa  era tan aborrecible como el que se discutían en las calles de la gran ciudad.

Para éste mal sí había venido un Libertador que habría librado a esa familia de la desgracia y el hambre espiritual. Pero por cuanto fue despreciada su condición por el que tenía el conocimiento de la verdad, el fin no fue distinto al de las altas temperaturas de una olla.

 

Eze 3:18  Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás;  y tú no le amonestares ni le hablares,  para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva,  el impío morirá por su maldad,  pero su sangre demandaré de tu mano.

Apo 20:15  Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

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2 pensamientos en “El niño en la olla de fuego

  1. Allan Cruz dice:

    Bendiciones amigo mío, y a tu familia también, gracias por compartir temas y la palabra de nuestro Señor!

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