El cristianismo conforme al mundo


Eze 5:7-8 Por tanto, así ha dicho Jehová: ¿Por haberos multiplicado más que las naciones que están alrededor de vosotros, no habéis andado en mis mandamientos, ni habéis guardado mis leyes? Ni aun según las leyes de las naciones que están alrededor de vosotros habéis andado.

Así, pues, ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti; sí, yo, y haré juicios en medio de ti ante los ojos de las naciones.

 

Por haberos multiplicado…

Esto sucede en la iglesia actual, cuando el crecimiento desmedido a causa de algún avivamiento se transforma en un aliciente para la pereza espiritual. Por ejemplo, cuando los cristianos son minoría, se hacen cada día más cercanos al Señor para que éste les ayude a soportar las pruebas que a diario tienen por la predicación de la fe. Es maravilloso ver iglesias recién nacidas que trabajan arduamente y con un corazón sincero para levantar la obra que el Señor ha puesto en sus manos. Sin embargo, cuando las iglesias son grandes y viejas, existen más conflictos internos y de poder, que el anhelo mismo de trabajar para el Señor. Así, en medio de la muchedumbre, pareciera que ya todo se tiene logrado, y en la prosperidad es cuando menos se refugian las personas en Dios.

…más que las naciones que están alrededor de vosotros…

El problema se acrecenta cuando no sólo son muchos, sino que se convierten en la mayoría. Pues por desgracia se tiende a imponer sus razones sólo porque son los más, y comúnmente éste tipo de imposiciones no provienen de la mente del Señor. Evidencias tenemos bastantes, la más común fue, y aún es, la iglesia católica.

Ésta nació dentro del vientre del cristianismo verdadero, pero cuando se instituyó como religión oficial de Roma, ésta tuvo que ceder ante las peticiones del “pueblo de Dios” y no a las de Dios mismo. Aunque tuvo unos inicios santos y conforme a las enseñanzas de Jesús, su actual situación delata que “el ser la mayoría” no significa tener la razón en todo. La iglesia cristiana está cayendo en una situación similar. La influencia del mundo sobre el cristianismo es más poderosa que la del cristianismo sobre el mundo. Vemos que las prácticas de la verdadera religión se degradan para dar paso a las modas y a los “gustos” temporales, dejando de lado las cosas celestiales escudándose que son “los tiempos”, “los moveres”, y aunque es válido éste tipo de pensamientos, esto no es pretexto para dejar que el cristianismo se adultere y se caiga en el sincretismo.

Así, muchas veces los cristianos nos multiplicamos para mal nuestro. Podemos ver que antes eran contados las personas que querían ser ministros a sabiendas que no iban a vivir cómodamente debido a su labor. Mas el día de hoy muchas personas sin experiencia ni un llamado se levantan como dirigentes de una iglesia por cuanto es un negocio lucrativo. Y ya no hablemos de los demás ministerios en los que antes debías renunciar a una vida incómoda para servir al Señor, mientras que hoy ya existe un mercado que consume todo aquello que lleve el nombre de Jesús convirtiendo muchas veces la cruz católica en pescados de plata o calcomanías para el coche.

…no habéis andado en mis mandamientos, ni habéis guardado mis leyes…

Cuando esto ocurre, evidentemente se están rompiendo muchos preceptos que provienen del Señor. Primero porque al dar rango tolerancia al pecado, éste no perdona y absorbe y contamina todo lo que se encuentre a su paso. En un lugar de culto donde se consientan estilos de música con ritmos sensuales, será evidente que la sensualidad dominará el deseo de más de uno; si en alguna reunión se permite que se cometan injusticias o se actos desleales, al poco tiempo todos se comportarán de la misma manera

Ecl 8:11 Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal.

Por eso es terrible cuando la mayoría domina al pueblo y no Dios. Las leyes de Dios se quebrantan tal y como se hacían en Judá, por cuanto se habían multiplicado los adeptos, pero con ellos también se habían multiplicado los hipócritas. No guardar las leyes del Señor es tolerable para quien no las conoce. Pero el hacerlas a un lado por quienes fueron llamados para enseñarlas al mundo, es peor que el pecado mismo, por cuanto la salvación de los hombres es estorbada por quienes tienen la comisión de llevarla. Es en esos momentos cuando la sal se vuelve insípida, y ya no existe nada que se pueda hacer por ella.

…Ni aun según las leyes de las naciones que están alrededor de vosotros habéis andado…

Lo peor que le pudo haber ocurrido a Israel, es que habiendo sido designados por el Señor como un pueblo separado, se daban el lujo de echar por tierra todo deber para con sus naciones vecinas. Y eso en parte era lo correcto, pero si también habían desechado la Ley de su Dios ¿Cuál freno le quedaba para detener sus pasiones? Ninguna. Así que no podía existir más grande maldad que la que un hombre puede obtener cuando las leyes terrenas no les son reconocidas, pero tampoco la Ley de Dios causa en él un temor reverente. El pecado puede cauterizar tanto la mente del hombre, al grado de justificar pecados con la palabra misma.

Las más grandes tragedias en cuanto a materia de sectas han salido de la mente de un hombre que primero fue un ministro que ganó credibilidad con la Biblia en la mano, pero que terminó con su vida y la de sus súbditos buscando reverencia a sí mismo.

Si se le permitiera, si Dios no pusiera un freno en nuestras conciencias, el hombre correría hacia el pecado con tal rapidez que el tren más veloz del mundo no le vería ni la sombra; se corrompería de maneras tal viles y depravadas tanto como su carne se lo permitiera; se inundaría con gusto y placer en el fango de la inmundicia y aún comería de ella a sabiendas que por ello vendría el juicio eterno del cual nunca escaparía; aún así se empeñaría si el Señor no nos hubiera dado conciencia.

El mismo infierno se espantaría si la humanidad se dejara llevar por un minuto por todos los deseos de su corazón.

Así, pues, ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti; sí, yo, y haré juicios en medio de ti ante los ojos de las naciones.

Qué terrible sería que el cristianismo cayera en una situación similar. El peor de los males que le pueda ocurrir a la tierra no es que el mismo infierno ascienda a la tierra, sino que los hijos de Dios, que son el reino de Cristo, desciendan vilmente a la misma calidad de los hijos de los hombres. Si nadie clamara al Señor, si nadie se pusiera delante de Él para hacer vallado ¿Qué esperaremos del Señor, sino que traiga sus juicios sobre la humanidad? Si nadie cumpliera el propósito por el cual fuimos formados, el ser alabanza de su nombre ¿Qué importancia hay si los hombres dejan de existir? Seamos pues, prudentes en nuestra manera de vivir el cristianismo, por cuanto el sol sale para buenos y malos, pero nunca para los malos solamente.

Luc 18:8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

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