Juzgando a Satanás


1Co 6:3  ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles?  ¿Cuánto más las cosas de esta vida?

Esta afirmación del apóstol Pablo es muy atrevida, pero definitivamente no nace de un corazón vagando en sus propios razonamientos, sino de la mente de un varón de Dios. Lo sorprendente de ésta afirmación se debe a que los ángeles son seres superiores a los hombres. No sólo son más rápidos, fuertes y sabios, sino que también son espirituales, y eso les da una ventaja, pues no están condicionados por las leyes que nos limitan a nosotros los humanos.

¿Cómo los habremos de juzgar?

De entrada, es necesario especificar que vamos a juzgar a los ángeles malos (digo, por si era necesario aclararlo). Pues ellos se rebelaron contra Dios siendo seducidos por Satanás, el cual se ensoberbeció.

Jud 1:6  Y a los ángeles que no guardaron su dignidad,  sino que abandonaron su propia morada,  los ha guardado bajo oscuridad,  en prisiones eternas,  para el juicio del gran día;

Ahora bien, tenemos dos versos que hablan sobre el juicio de los ángeles, los cuales actualmente viven en la oscuridad del mundo, mientras que antes gozaban de la plenitud de la luz como siervos de Dios.

Pero existe un problema. Hay un verso que ya explica que el Señor ya sentenció  a Satanás, sólo a la espera de que se aplique la sanción.

Apo 20:10  Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre,  donde estaban la bestia y el falso profeta;  y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.

Cuando una persona transgrede la Ley, primero se lleva ante el tribunal, luego se  emite un juicio, luego se da la sentencia y posteriormente se ejecuta. Pero vemos que en este verso la sentencia ya está dada: Satanás merece por sus pecados ser lanzado al lago de fuego y azufre. El texto dice “fue lanzado” porque se trata de una visión en el futuro. Así, el Señor ya ha sentenciado a Satanás y está esperando que el tiempo llegue para cumplirla. ¿Pero dónde quedó el juicio que les correspondía a los hijos de Dios?

Jua 5:22  Porque el Padre a nadie juzga,  sino que todo el juicio dio al Hijo,

El juicio implica tomar una decisión sobre qué es justo y qué no lo es, y como consecuencia, existe una condena para el transgresor.

Ahora bien, entremos en materia de juicio por comparación, que es el modo en que nosotros juzgamos a los ángeles:

Mat 12:41  Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación,  y la condenarán;  porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás,  y he aquí más que Jonás en este lugar.

Mat 12:42  La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación,  y la condenará;  porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón,  y he aquí más que Salomón en este lugar.

Nínive era la capital del imperio Asirio, en el cual existía mucho pecado, por cuanto sus prácticas idolátricas los tenían ciegos, ajenos a todo temor del Dios verdadero. El Señor envió a Jonás para que les predicase, y éste lo hizo, aunque con mucha resistencia. La profecía de Jonás tocó los corazones de esos hombres y aún de su rey, y se arrepintieron de su maldad en ayuno, cilicio y ceniza (Jonás 3:4-6).

El Señor Jesús los puso como ejemplo para explicarles a los judíos religiosos, obstinados e incrédulos de su tiempo, que a diferencia de los ninivitas, ellos no tenían la capacidad de aceptar sus errores y arrepentirse. Así, una nación extranjera, sin el conocimiento de Dios, llena de hombres sin misericordia, les servía como escarmiento sobre lo que se debía de hacer delante de la reprensión de Dios; cosa que ellos, la nación elegida, dentro de la ciudad santa, de donde vienen el pacto, la promulgación de la Ley y los profetas, no lo había hecho.

Así, los hombres de Nínive, con su conducta condenaban por comparación a los judíos. Pues los asirios eran ignorantes, y aún así obedecieron.

 

Luego, el Señor utiliza a la Reina del Sur, la cual vino desde Arabia (Sabá) para conocer a Salomón y de su famosa sabiduría. Ella recorrió un largo camino peligroso, en medio de ambientes desérticos, con una gran caravana llena de regalos, sólo para escuchar la sabiduría de un hombre (aunque rey, era sólo un hombre) Salomón (1Re 10:1)

Ahora bien,  los judíos religiosos no habían tenido que recorrer ni un kilómetro para conocer a Jesús, sino que Él llegó hacia ellos. Además, la Reina de Sabá no buscó la sabiduría excelente y perfecta que estos hombres en ese momento despreciaban; y aún así vino llena de regalos para agradar a un rey terrenal, mientras que estos hombres sólo trataban de hallar algún tropiezo en el Rey de Reyes y Señor de Señores.

Así, la Reina del Sur condenaba a la generación en tiempos de Cristo. Pues a diferencia de ellos, lo que ella había hecho la justificaba y a ellos condenaba.

 

Esto no es nuevo en la Biblia, el profeta Jeremía escribía del reino de Judá:

 Jer 3:11  Y me dijo Jehová: Ha resultado justa la rebelde Israel en comparación con la desleal Judá.

Esto es, que si bien el reino de Israel había sido muy malo y rebelde. En comparación con las abominaciones que se hicieron en Jerusalén lo que Israel había hecho era pequeño y digno de despreciarse. Así Judá justificaba a Israel, y Judá quedaba como una “desleal”.

Ezequiel escribía más o menos lo mismo:

Eze 16:51  Y Samaria no cometió ni la mitad de tus pecados;  porque tú multiplicaste tus abominaciones más que ellas  y has justificado a tus hermanas con todas las abominaciones que tú hiciste.

Las hermanas de Jerusalén (capital del reino del Sur, Judá), eran Samaria (capital del reino del norte, Israel) y Sodoma (una ciudad que fue destruida a causa de sus muchos pecados). Vemos que nuevamente el Señor condena a Jerusalén de ser más infiel  y abominable que Samaria y Sodoma, y por tanto, Jerusalén justifica a sus hermanas.

 

En los cuatro ejemplos vemos que existen tanto una condenación por comparación (los ninivitas y la reina del Sur contra los judíos) como también existe una justificación por comparación (Jerusalén para Samaria y Sodoma).

 

Creo que ya vamos entendiendo de qué manera nos levantamos en juicio contra Satanás y lo condenamos.

Tú,  querubín grande,  protector,  yo te puse en el santo monte de Dios,  allí estuviste;  en medio de las piedras de fuego te paseabas.

Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado,  hasta que se halló en ti maldad.

A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad,  y pecaste;  por lo que yo te eché del monte de Dios,  y te arrojé de entre las piedras del fuego,  oh querubín protector.

Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura,  corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor;  yo te arrojaré por tierra;  delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Eze 28:14-17

Por ejemplo, aquí vemos un cuadro de la gloria que gozaba Satanás antes de convertirse en un caído. El Señor lo describe con palabras que rayan en el alago: grande, protector, perfecto, hermoso. Cuánto daríamos porque el Padre nos llamara así a causa de nuestras proezas.

El Señor mismo lo puso en el santo monte, esto es, que Satanás se encontraba en un lugar en donde disfrutaba de la presencia misma de Dios, de la cual ningún hombre puede probar en esta vida. Sin embargo, fue hallado maldad en él.

La Palabra dice que se hizo orgulloso debido a sus “contrataciones”, esto es, de las muchas veces en las que el Señor le asignó tareas para su servicio. Se llenó de iniquidad, que es la ausencia de justicia, por eso, el Señor lo echó de su santo monte.

Además Isaías nos explica en qué consistió esa iniquidad y el motivo de su caída:

¡Cómo caíste del cielo,  oh Lucero,  hijo de la mañana!  Cortado fuiste por tierra,  tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón:  Subiré al cielo;  en lo alto,  junto a las estrellas de Dios,  levantaré mi trono,  y en el monte del testimonio me sentaré,  a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré,  y seré semejante al Altísimo. Isa 14:12-14

La razón, pues, es obvia. Satanás se quería sentar en el monte del testimonio, esto es, quiso derrocar a Dios, como si eso fuese posible, para sentarse en el trono de la Gloria. ¡Se imaginan tamaño pecado! ¡Quererse quedar con Toda la Gloria del mismísimo Señor Todopoderoso!

Él veía a Dios y no le pudo honrar, nosotros soportaremos una vida anhelando estar delante de su presencia y aún así le honramos; no lo vemos y le amamos, mientras él lo tuvo todo y prefirió la rebelión.

Él fue lleno de sabiduría y no le sirvió de nada debido a la maldad de su corazón, fue perfecto y aún se corrompió. Nosotros nacemos de una naturaleza pecaminosa con tendencia hacia el pecado y procuramos santificarnos; vemos las cosas oscuramente como de espejo, con la insensatez como nuestra regla y aún así queremos vivir para Él.

Él fue contratado por Dios directamente y aún así no se quiso someter. Vio el poder de su brazo y lo cambió por la muerte. Nosotros anhelamos el llamamiento y el día de su manifestación, y aún cambiamos nuestra vida en muerte, para que en la muerte tengamos una nueva vida.

De esa manera nosotros juzgamos a Satanás. Si pudiera adaptar la enseñanza de Jesús aplicada a Satanás en el día del Juicio, sería más o menos así:

 “Los hombres de la tierra, los llamados por la Gracia de Dios, se levantan en juicio contra la generación Satanás y sus ángeles, y la condenan; porque ellos se rindieron a la predicación del evangelio dado por el Cristo de Dios y los apóstoles, y por la leve visión de mi Gloria en la tierra, y he aquí, mayor Gloria vieron ustedes en este lugar”

“La virgen hija de Jerusalén se levanta en juicio con Lucifer y sus demonios, y la condena, porque ella vino desde la tierra en medio Creación, ajena a las bendiciones celestiales por la vanidad a la cual fue sujeta, para creer en el Cristo crucificado aunque hecho carne, y he aquí más que un hombre en este lugar”

Rom 11:33  ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!  ¡Cuán insondables son sus juicios,  e inescrutables sus caminos!

Así pues, la generación mala y adúltera del príncipe de éste mundo, de la serpiente tortuosa, del hombre fuerte, del querubín protector, es condenada por el hombre degradable, por aquel que fue sujeto a rebelión, por el inclinado al pecado, por el vaso de barro.

Heb 2:16  Porque ciertamente no socorrió a los ángeles,  sino que socorrió a la descendencia de Abraham.

Así, en cada uno de nosotros: con cada acto de fe, cada manifestación de piedad, cada gloria que nos despojamos, cada alabanza sincera hacia el Trono; con todo deseo de las cosas espirituales, cada vez que buscamos el rostro de Dios, todo momento es que llegamos de rodillas ante su presencia, cuando hablamos a lo invisible sabiendo que alguien nos oye; con cada gratitud en nuestro pecho, cada gozo por sus bendiciones, cada manifestación de amor, cada acto de obediencia, toda veneración a su palabra; con cada comodidad que menospreciamos, todo sacrificio que por él hacemos, todo reconocimiento de nuestra dependencia, toda mala obra que rechazamos, cada orgullo del que nos despojamos… Con todas y cada una de las cosas con las cuales tratamos de agradar al Padre, con todas ellas, juzgamos cada día más a Satanás.

Y la Gloria sea para Él.

 

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