Perseverando entre el odio del mundo


El último capítulo de Isaías habla de los hombres religiosos, y de los verdaderos hombres de Dios.

Isa 66:1 Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?

Esto se lo dice el Señor a los religiosos judíos, los cuales se sentían muy orgullosos por tener un templo dónde adorar a Dios, por ser “la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Rom 9:4). Pero el Señor les recuerda que TODO es de Él. Así que la casa que le han edificad, es la que Él mismo se hizo para que ahí le adoraren, y no porque Él la necesite o porque ellos le hayan hecho un favor.

Isa 66:2  Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.

Así que, por encima de la majestuosidad y la grandeza de la construcción, todo aquello es vano y sin sentido delante de la entrega sincera de un hombre temeroso de Dios, que anhela obedecer su Palabra. Él no mira las obras externas gloriosas que el hombre puede hacer para la Causa del Señor sino aquellas que nacen de un deseo sincero de agradarle sólo a Él.

A la verdad muchas de las cosas que tienen apariencia de piedad están muy alejadas de serlo por cuanto nacen de un anhelo de reconocimiento humano (2Ti 3:5) (si bien este blog podría ser uno de ellos… espero en Dios que no), así que es necesario que muchas veces nos pongamos a reflexionar acerca de nuestras verdaderas intenciones cuando ponemos nuestras manos al servicio de Su Causa. Por cuanto ninguna de nuestras obras le son a Dios necesarias, pero sin duda aquellas que son hechas con un corazón adecuado, le dan alegría al corazón del Padre.

Pero existe un grandísimo problema en tratar de ser un hombre santo, agradable a Dios. Continuemos en el mismo capítulo de Isaías 66:

Isa 66:5  Oíd palabra de Jehová, vosotros los que tembláis a su palabra: Vuestros hermanos que os aborrecen, y os echan fuera por causa de mi nombre, dijeron: Jehová sea glorificado. Pero él se mostrará para alegría vuestra, y ellos serán confundidos.

Primero vemos que sus “hermanos que os aborrecen”. En este caso, los hermanos se puede referir a los hermanos carnales (terrenales) porque en Israel, el Señor les llamaba a todos ellos hermanos, independientemente si fueran buenos o malos, si conocieran de Dios o lo aborrecieran, simplemente porque eran israelitas (Lev 25:46).

Los hermanos terrenales son los primeros que se quejan de que un hombre se haya convertido a los caminos del Señor. La misma familia se vuelve contra Él, se arman discusiones, es burlado o simplemente se alejan de él. ¿Esto es motivo de escándalo? Naa!!! El Señor Jesús lo dijo claramente:

Mat 10:35-36  Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa.

¿Así o más claro? Un hombre piadoso, que busca a Dios no sólo como una religión basada en obras externas, es carga a la conciencia de su familia, y más aún es causa de su menosprecio. Es por eso que el Señor le da consuelo en este verso.

Pero considero que los “hermanos que os aborrecen” se refiere también a los hermanos de la congregación de la iglesia ¿Por qué? Primeramente porque podemos ver que su jactancia se deriva de la grandeza del templo; y segundo, por la expresión cínica que sale de su boca al mostrar descaradamente su odio por aquellos que buscan con sinceridad al Señor: Jehová sea glorificado. Repito, ¿Esto es motivo de escándalo? Naa!!! El Señor Jesús también lo dijo claramente:

Jua 16:2  Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.

¿Quién podrá negar que Jesús es el Señor? Estas son evidencias de que todo lo que predijo en verdad sucedió, aún sucede, y seguirá sucediendo hasta que Él regrese en su Gloria.

Pero más que eso, estas situación es lastimera que ocurra dentro de la congregación de los justos, en la cual no nace solamente trigo sino también cizaña (Mat 13:30); donde no todos son corderos, sino que a veces se cuela algún cabrito (Mat 25:33); donde todos están en a la fiesta, pero no todos están vestidos de boda (Mat 22:12).

El hombre piadoso no se debe de sorprender si el mundo le aborrece, siempre y cuando las cosas malas que de él se digan en verdad sean calumnias (Mat 5:11). No debe de escandalizarse si el anhelo de buscar de Dios lo convierta en objeto de críticas, chismes y mala fama. Dentro o fuera de la iglesia siempre existirán personas que los preferirán muertos en el pecado que militando en la filas del ejército de Cristo. Un hombre piadoso será estorbo a los hombres malvados que tienen por religión la externa y cuyos fines son ambiciosos, pero sólo para su propio provecho.

“Pero él se mostrará para alegría vuestra, y ellos serán confundidos”

¡Cuánto le hacen falta a la iglesia hombres que el pecador aborrezca!

 

Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. (Jua 17:14)

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