Las obras sobre la Roca


Cansados y fatigados tres hombres llegaron hasta la playa huyendo de las prisiones del mar y decidieron pasar la noche en la orilla, teniendo las estrellas como pabellón y le dieron a Dios gracias por su liberación. Agradecidos con el Todopoderoso decidieron construir casas en las que día y noche harían su voluntad, así que buscaron un lugar propicio en donde comenzar su obra y rápidamente encontraron un valle rocoso sobre un acantilado, perfecto para sus construcciones, pues a diferencia de la movediza arena, éste sitio tenía roca firme como su cimiento.

Rápidamente pusieron manos a la obra pues en su corazón había un anhelo ferviente de agradar a Dios, y todos decidieron construir templos para rendirle culto al Soberano.

El primero, comenzó a traer piedras desde lejos y las trabajó en cantería para hacerlas hermosas, cada una de las cuales representaban el deseo fiel de hacer algo digno de aquél que lo había librado de la esclavitud. De mañana y en silencio se levantaba para no despertar a los otros, trataba de que nadie se enterara de sus dificultades para extraer la piedra, moverla y labrarla. Su corazón aguardaba el ver algún día su obra terminada, aunque el tiempo fuese mucho.

El segundo, buscó árboles fuertes, halló cedros y cipreses en el bosque cercano, y con ellos comenzó a trabajar en su construcción en la cual dedicaba gran parte de su día. Su corazón no era distinto de aquél que construía con piedras, sino que sus métodos eran distintos. Con gozo dejaba cada tabla tan lisa como le era posible, con medidas exactas planeaba su construcción y afirmaba cada elemento con clavos duros los cuales no deberían de moverse con el viento ni el oleaje.

El tercero era más práctico. Su corazón igualmente era agradecido, pero no tenía la misma paciencia que los demás. Tomó algunos palos y los hundió firmemente en la Roca, que era muy buena y muy perfecta. Cubrió las paredes con heno, luego los recubrió con brea y la probó para que soportara los fuertes vientos del norte, la lluvia tempestuosa de otoño y los grandes oleajes del verano. Una vez probada, se vio complacido y volteó a ver que sus dos compañeros no habían terminado aún.

Lo que los demás no habían entendido, decía el tercero, es que la Roca era muy firme, era inamovible y los tres habían puestos su confianza en la Roca, no había marea que los pudiera mover, no existía viento que los hiciera caer.

Así que mientras aquellos seguían construyendo muchas personas comenzaron a llenar los cuartos del templo de heno y brea. Rápido aprendieron a adorar con un corazón sincero a Dios, con todas sus obras basadas en la Roca, pero hechas con heno y brea. Duraban durante un tiempo, pero luego se dejaban de hacer, eran inconstantes y lo hacían sólo por cumplir.

Cuando el segundo terminó su templo de madera, las personas comenzaron a llenar también sus atrios. La alabanza fue sincera como en el templo de heno y brea. Las personas comenzaron a trabajar para la obra. Todo lo planeaban, eran  muy estrictos en los modos en que se debían hacer las cosas para no tener una obra cualquiera. Pero sin querer la fortaleza de su congregación se iba apolillando. Se mantenía sobre la Roca, la cual era dura y sin errores, pero cada día se le tenían que hacer remaches a las paredes. El cimiento era pues, el correcto, pero la construcción tenía algo que no era del todo inmóvil. Pronto aprendieron que la Roca impediría que toda ola se llevara su construcción y descansaron. Sus obras se hicieron muy bien a principio, hermosas como madera labrada y barnizada, pero por alguna razón no eran duraderas.

Cuando el primer hombre terminó el tercer templo, el de piedra. Las personas igualmente llenaron su espacio. Estas personas aprendieron a no sólo tener un gozo completo como gratitud, sino también a hacer obras con miras a futuro, a sabiendas que toda obra para Dios no es sólo para ésta vida, sino que tiende a la eternidad. La Roca era la misma en la que estaban fundadas las demás, pero su fruto era de mejor condición y más duradero. En cada camino que escogían se esforzaban no sólo en iniciarlo bien, sino en continuarlo. Eran constantes y trabajadores, no dejaban las cosas a medias pues habían aprendido iniciar bien, y a terminar mejor. No sólo descansaban sobre la roca, sino que edificaban eficientemente sobre ella.

 

Al final, los tres hombres habían cumplido lo que en ese día de liberación habían propuesto en su corazón hacer para darle la Gloria al Señor. Los tres eran libres, los tres estaban en la Roca correcta, los tres habían edificado sobre ella. Las olas del mar no los podían tocar, los vientos no les hacían nada, estaban seguros.

Sin embargo, un día cayó un rayo sobre el bosque cercano, el cual ardió rápidamente y el fuego alcanzó las tres construcciones. Y consumió todo aquello que el fuego podía devorar.

A la mañana siguiente, el heno y la brea fueron combustible perfecto para acrecentar la llama, de lo cual no quedó ni un rastro; la madera soportó un poco más, pues era madera fuerte pero el fuego hizo lo suyo, y sólo quedó el carbón; mas la piedra seguía intacta, el fuego llegó cerca, pero al no encontrar algún combustible, simplemente no prevaleció.

Estos tres hombres estaban tan seguros en la Roca, lo cual era bueno. Se despreocuparon de los problemas del mar, pues desde la Roca estaba debajo de sus pies, lo cual también era bueno; pero se les olvidó que el Señor al que servían algún día probaría su obra con fuego, y entonces allí fue donde encontraron su fallo. Ninguno perdió su vida, ninguno se tuvo que ir de la Roca, pero no en todos prevaleció su construcción.

 Sea similar nuestra obra para la Gloria de Dios.

 

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.

 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.  Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. (1Co 3:11-15)

 

P.D. También leer Mat 7:24-27 para mejor referencia.

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