Fundamentos de un cristiano (parte 1)


Muchas veces, los que ya llevamos un rato en la perseverancia de la doctrina cristiana se nos hacen obvios algunos de los instrumentos que como hijos del Señor tenemos. Por eso, muchas veces creemos que todos, incluyendo los nuevos convertidos, ya saben los deberes básicos de un cristiano, y la manera de ejecutarlos. Y muchas veces se nos olvida que nosotros fuimos instruidos oportunamente por algún otro siervo de Dios acerca de la manera de llevar a cabo estas tareas, sin las cuales dicha perseverancia no hubiera existido. Así que hoy voy a hacer un pequeño resumen de los fundamentos de la práctica del cristianismo (algo así como un ABC), para explicar a los nuevos conversos las herramientas básicas para incrementar su dependencia de Dios.

Oración:

La oración es importantísima. Se basa principalmente en hablar con Dios sobre lo que te plazca, en el nombre de Jesús. Cuando los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñase a orar (Luc 11:1), el Señor les dijo el tan famosamente llamado “Padre Nuestro” u “Oración modelo”, el cual, como su nombre lo indica, nos marca una pauta para poder hacer una oración efectiva con el Padre. Por ejemplo “Padre nuestro que estás en los cielos” de esta manera el Señor Jesús nos enseña que, al comenzar nuestra oración, es bueno reconocer la grandeza de Dios en comparación a nuestra condición humana; pero que a pesar de eso, Él es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos. Con este ejemplo nosotros podemos orar con nuestras propias palabras, cumpliendo ese pequeño requisito. Ej. “Señor, reconozco que tú estás en los cielos y yo en la tierra, sé que tuyo es el poder y tuyo es el reino…. etc.”

Espero este punto haya quedado claro porque la oración es fundamental. En la oración nos comunicamos con nuestro Padre y le exponemos nuestro corazón, que aunque Él ya lo conoce, nosotros por voluntad propia le abrimos. Sin oración es muy difícil perseverar en el cristianismo y más aún, es muy difícil hacer la voluntad de Dios.

Jua 15:4  Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

¿Cada cuanto debo de orar? La respuesta es: diario. Procura encontrar un tiempo y un lugar propicio (solitario) para ponerte delante de la presencia del Padre y así entablar una relación con Él todos los días. Dale gracias por todas sus bendiciones, alaba sus grandeza, pídele tus necesidades y las de otros, reconoce tus errores y tus fallos, háblale de tus temores, bueno, simplemente abre tu corazón y tarda el tiempo que quieras, no hay límites para con Dios.

¿Cuántas veces al día? Establecer un número específico podría ser peligroso por temor a caer en el legalismo. Pero en el libro de los Hechos aparecen 3 horarios de oración, la hora tercera, sexta y novena (Hch 2:15; 10:9; 3:1) y Daniel oraba tres veces (Dan 6:10). Esto no es una casualidad, porque ambas rutinas estaban basadas en los horarios en que los judíos solían orar según la costumbre. Así que podría decir que se debe de orar 3 veces, pero sería limitar (puede orar más si quiere) o legalizar (hacerlo sólo por cumplir) la oración del cristiano.

Puede acompañar sus momentos de oración con música cristiana (de la tranquila, no ponga el susodicho reggaetón cristiano), esto también es bíblico (2Re 3:15). La oración no tiene límites ni reglas, puede hacerla de pie o sentado, aunque es recomendable hacerla de rodillas como parte de la reverencia a Dios (Dan 6:10 otra vez); la puede hacer con voz audible o como un leve susurro (1Sa 1:13); puede postrarse o alzar sus manos (Neh 8:6). Vamos, lo importante es la intención y el deseo ferviente del corazón.

Sal 51:17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

 

Lectura de la Palabra de Dios

Si en la oración nosotros hablamos al Padre, en la lectura de la Palabra Él habla con nosotros. La Biblia es la guía máxima de un cristiano y es la ley de nuestras vidas. Ningún acto en nuestra vida debe de ser contrario a sus enseñanzas, ni ninguna decisión dentro de la iglesia puede anteponerse en importancia lo que sus páginas indican. Más aún, toda profecía o revelación debe de ser respaldada por la Escritura, si la contradice, le añade o le acorta, entonces no puede venir de Dios, por eso el Señor nos manda a probar los espíritus (1Jn 4:1), y no hay mejor manera que confrontar toda profecía sino con la Biblia, pues es inamovible en sus enseñanzas e insuperable en su autoridad.

Al profeta Ezequiel y a Juan les fue revelada la Escritura como un rollo que estaba escrito por dentro y por fuera (Eze 2:10; Apo 5:1) esto es, a la Palabra de Dios ya no se le puede escribir más, está completa.

La Palabra nos limpia (Jua 15:3  Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado), porque con ella santificamos nuestra mente pues conocemos cada día más la voluntad del Señor. La Palabra nos enseña para dirigirnos, nos redarguye para concientizar y nos corrige para disciplinar (2Ti 3:16). Pero es necesario entender que la Escritura se estudia “desde lo general, hasta lo particular”, esto es, que es necesario reconocer el contexto y la razón por la que el Señor mostró su Palabra, para no darle una interpretación errada. Ej. Muchas veces para tratar cuestiones del diezmo se utiliza “Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo” (Luc 6:38). Pero si vemos el contexto, el Señor Jesús no está hablando del diezmo (que por cierto, sí es bíblico) sino de la mala costumbre de juzgar a los demás. Por eso añade “porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir”.

La Palabra de Dios también debe de leerse diariamente. Es necesario renovar todos los días nuestra entendimiento (Rom 12:2) y no tratemos de acoplar a Dios a nuestro modo de pensar, sino mejor sepamos qué piensa Él, para nosotros obedecer sus ordenanzas.

Es recomendable leer toda la Biblia de corrido (aunque le queden muchas dudas) para tener una idea general de lo que trata cada libro. El Señor lo tocará, pues su Palabra es viva y eficaz (Heb 4:12). Una vez que haya leído la Biblia por primera vez, entonces sí léala con detenimiento. Se dará cuenta que una vida no le alcanzará para descubrir todos sus secretos, así que tenga paciencia, el Señor se encargará que hacérsela entender.

Subraye los versos que le sirvan a futuro, recuerde que la Biblia físicamente no tiene ningún poder sobrenatural, es papel cebolla sobre la que se imprimieron letras. Lo sagrado es la Palabra de Dios que contiene, la cual por ningún motivo se debe de manipular, truncar o añadir, de eso sí tenga temor (Apo 22:19). No la tenga simplemente abierta pues así no sirve de nada, léala y transforme su vida con ella.

 

Bueno. Estas son las dos características más importantes. En la segunda parte continuaré con las demás herramientas básicas. Espero sirva para los nuevos, y les ayude de algo a los veteranos.

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Un pensamiento en “Fundamentos de un cristiano (parte 1)

  1. Rudy dice:

    HERMANO FELICIDADES POR SUS BLOGS TAN INTERESANTES EN PARTICULAR ME SIRVIO MUCHO EL DE LOS ENEMIGOS DE ISRAEL, (NO DIGO Q LOS DEMAS NO ESTEN INTERESANTES…) QUE EL SEÑOR LE SIGA BENDICIENDO.

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