El Mesías temporal


Así terminamos con las noticias nacionales. Pasemos con un reportaje en las noticias internacionales:

Hoy se conmemoran 2,000 años de la Gran Revolución Judía, la cual derrocó el yugo romano que llevaba sujetando al pueblo judío por más de 60 años. Como los historiadores más importantes nos relatan, el levantamiento nació cuando desde las mismas entrañas del pueblo apareció Emmanuel. Este hombre que cumplía con todas las expectativas del pueblo judío para ser su libertador y Mesías, según las profecías que divinamente habían sido prescritas a través de los varones más importantes de su fe, se atrevió no sólo a desafiar el poder romano local que en aquellos tiempos estaba a cargo del Gobernador Poncio Pilato, sino que también comenzó una revuelta que tomó por sorpresa al bien organizado ejército romano.

Su levantamiento surgió con un pequeño grupo de guerrilleros que se sublevaron en su ciudad natal, Belén. Su movimiento se acrecentó poderosamente, según dice el historiador Rosser, “debido a que el pueblo esperaba expectante la llegada del Mesías que nacería de Belén, la cual también había sido ciudad del famoso rey David”. Al saberse la noticia, todo el pueblo judío se levantó en armas como una fuerza poderosa y acabó en menos de una semana con todas las fuerzas del ejército romano puestas en el territorio de Palestina, las cuales no pudieron ser reforzadas pues el levantamiento había sido feroz y contundente.

Al liberar Jerusalén, y tras tomar preso al Gobernador Poncio Pilato, Emmanuel Amashía entró victorioso montando en una asna, conforme a las profecías lo predijeron, quedando esa imagen tan firmemente plasmada en la mente del pueblo, que pronto lo pusieron por rey del nuevo reino de Israel. El historiador y psicólogo Hugo Matters recalca que “la entrada de Emmanuel en Jerusalén, bañado con la sangre de sus enemigos (los idólatras romanos); con la espada desenvainada, y su ejército poderoso a sus espaldas, fue la imagen tan largamente esperada para un pueblo que confiaba plenamente en la restauración de las glorias de David”. Y como actualmente la historia de los judíos es muy poco conocido por el mundo entero Matters añade: “Según las profecías el nombre del Mesías debía ser precisamente Emmanuel, de la tribu de Judá, una de las 12 en las que estaba dividido Israel. Por eso, al ver las profecías cumplidas, ese día el Sumo sacerdote Caifás mandó sacrificar 1,000 ovejas y 1,500 becerros en el templo de su Dios, el cual había sido erigido por Herodes”.

Este evento fue el inicio de una serie de campañas militares las cuales fueron emprendidas por Emmanuel Amashía para derrocar el imperio romano que comenzó a sufrir levantamientos en Egipto y Siria como parte del impacto social que había causado el inicio de la Gran Revolución Judía. A la larga, el reino de Israel se expandió por la espada de Emmanuel dominando a sus enemigos históricos, en las regiones romanas de Samaria, Galilea, Fenicia, Traconítide, Decápolis y Perea. Todas estas regiones fueron liberadas de Roma, posteriormente sujetas bajo el yugo judío, lo que desembocó en funestas masacres contra estos pueblos en las llamadas “Purgas de gentiles”.

Tras la caída del imperio romano, Emmanuel proclamó que el nombre de su gobierno cambiaría de reino de Israel a “Imperio Mesiánico”, convirtiéndose en la potencia que dominaría desde su antiguo enemigo, Egipto, hasta la región de Mesopotamia, a los cuales trató con mano dura pues el pueblo de Israel estuvo cautivo en esas tierras durante los años del Gran imperio Babilónico.

Tras la muerte de Emmanuel Amashía lo sucedió su hijo, que dio continuidad al imperio Mesiánico. Pero como todo reino de la antigüedad, su poder fue decreciendo y luego de 150 años pereció tras la sublevación de los reyes a los cuales había sometido. La principal causa de su caída, según los historiadores fue que, debido a conflictos anteriores, trataron con demasiado rigor a sus enemigos de los alrededores, descendientes de los Edomitas, Amonitas, Moabitas y Sirios; y además porque las “purgas de gentiles” habían denigrado su imagen. Así que cuando los reyes poderosos de Arabia se levantaron, estos pueblos les dieron entrada libre y aún ayudaron para que Jerusalén cayera finalmente, destruyendo su muro y su templo.

Así terminó el imperio de Israel el cual tuvo su Mesías esperado, cumpliendo todas las expectativas políticas y militares de un pueblo. Al cual se le dio libertad tras vivir en el dominio romano, pero que sólo fue temporal, porque al final su reino no fue distinto a todos los que se habían establecido sobre la tierra.

P.D. Esta historia es evidentemente ficticia.

Por eso:

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. (Jua 18:36)

Bendito el Señor que no cumple expectativas de hombre sino cuya sabiduría y poder han sido mostrados en Cristo, para bendición de la humanidad hasta lo último de la Tierra y hasta la eternidad.

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