El precio de la fama


La limusina más amplia que se podía encontrar en el continente viaja por las calles de la ruidosa ciudad. Dentro, el glamur y los lujos no faltan, los asientos de piel, los lugares para las bebidas y las botanas. Tiene espacio suficiente para 10 personas, sin embargo sólo dos personas eran transportadas en ese momento.

La primera con traje de sastre, sacada de las más prestigiadas tiendas de reconocidas marcas. La corbata roja, como quién impone autoridad, de la mejor seda importada desde oriente. En su derecha un pulso de oro con incrustaciones de diamante, y en su izquierda un reloj carísimo digno de su posición. Los zapatos negros, acordes a su traje, tan caros que pudo haber enganchado un coche por lo que ahora usa en cada pie. El reloj de los mejores del mundo, de esos que sólo se obtienen por pedido y que sólo se fabrican limitadamente. Su bolígrafo, sus calcetas, su billetera y aún su pañuelo delatan su opulencia y buena vida, no había límites en sus entradas, no parecía tener límite los excesos. Era un hombre con dinero, mucho dinero, y no se molestaba en demostrarlo. Toma un trago de su vino tinto, y luego lo hace a un lado pues asegura que ya no tiene la correcta temperatura.

La segunda persona, una mujer de edad con un vestido de aquellos que sólo se ven en la alfombra roja una vez al año. Sus aretes y collar de diamante fino. Sus demás accesorios no eran tan lejanos en precio a los de su cuello y oídos. En su flaco pulso trae un reloj brilloso que hace juego con lo demás. También maquillaje de calidad, peinado de boutique y una sonrisa flamante; porte de reina y caminar altivo. No se podía pedir más de la mujer de aquél poderoso varón. Su celular suena y ella lo contesta con mucha calma, como si al hacerlo le hiciera un favor al llamante. De su rostro sale una mueca al enterarse que las playeras con sus fotos se acabaron y aún no han llegado las que faltan para satisfacer la demanda. Sabe administrar sus negocios.

La ostentosa limusina se detiene frente a un teatro, poderosa arquitectura que podía albergar a 5,000 personas, y pensaba ampliarse; cada día parecía más a un estadio.

A la llegada de éstos individuos no se hacen esperar los fotógrafos y camarógrafos para tener el mejor ángulo de la portentosa pareja. Los gritos de los fanáticos se escuchan apenas la dama baja un poco el vidrio de la limusina para preguntarle a su escolta si existe algún peligro. En medio del ruido y de la multitud que se agolpa para tocar el móvil, la escolta le responde que todo está asegurado, no existe ningún peligro detectado, que puede bajar con seguridad.

La dama toma la iniciativa y abre la puerta mientras la multitud grita desenfrenada, algunos se reservan a aplaudir y otros sólo alzan pancartas con escritos como “Los amamos”, “han cambiado mi vida” o la frase del momento “quiero ser como tú”. La mujer sonríe mientras sus labios esboza un “gracias, los amamos” a todos los espectadores. Responde una pregunta para el periódico mientras su esposo se baja, y luego que él llega a su lado lo toma de su brazo y ambos responden tres preguntas hacia las cámaras de televisión

La mujer ve con tristeza las muchas personas que gritan al saludarlos pero que no tienen playera, qué gran oportunidad ha sido perdida. El hombre camina pausadamente con aire de autoridad y porte digno de reverencia, pero lo disimula con su carisma. Dibuja en su rostro una sonrisa, saluda de mano a algunos de sus fans, manda besos a los del fondo y firma libros a aquellos que le piden su autógrafo.

El camino se hace largo y la mujer siente que ya se han expuesto demasiado tiempo. Tienen los suficientes enemigos como para tomar a la ligera su seguridad, por eso es que la escolta ha valido cada centavo que le han pedido por arriesgar sus vidas, y aún la limusina fue blindada, por si acaso se hicieran realidad alguna de las muchas amenazas.

Ella lo apresura haciendo un discreto apretón en el brazo y juntos caminan hacia la entrada del teatro donde un escolta da la señal indicando a los demás que el “paquete” ha entrado seguro al edificio.

El área de  recepción del antiguo teatro los recibe con sus pisos de marfil y sus columnas de alabastro, todo comprado con el dinero de los contribuyentes y patrocinadores. Un grupo de  aduladores se acercan para saludarlos y felicitarlos por su trabajo, algunos muestran su admiración o simplemente les desean buena suerte para que se cumpla el propósito por el cual están ahí.

Caminan hacia una habitación aparte en donde se preparan antes de entrar en escena, y luego que están solos, el varón le reclama su actitud en la entrada por cuanto no era bueno haberle dado tan poco tiempo para promocionarse con sus fans. De paso recalca su desprecio por los “lame suelas” que siempre los reciben, como si algún día les fuera a dar una oportunidad por sus lisonjas, pues eso no era suficiente, sino el compromiso para poder administrar este su negocio.

Ella lo tranquiliza y le recuerda la importancia de salir con total relajación y su mente concentrada en su guión. Su carisma había sido su punto fuerte desde su ascenso a la fama y no podía mostrar una cara diferente, pues todo lo habían logrado manteniendo a flote esa imagen.

Él le da la razón y comienza a repasar en su mente lo que ha de hacer y qué decir, mientras ella pide por el teléfono que le traigan agua y bocadillos. Al pasar unos instantes entra un joven entusiasmado de tener ese privilegio de estar con ellos en el mismo cuarto, trayendo consigo las peticiones de la singular pareja. Ella le da las gracias, pero se da cuenta que el muchacho no se retira sino que con grandes ojos se queda mirando al hombre, el cual aún repasa sus apuntes. Ella le dice que ya puede retirarse, pero él pide poderle hacer una pregunta al varón que de momento lo miró con su mundialmente famosa sonrisa. Por lo cual el muchacho con su rostro ruborizado pregunta:

-Yo sólo quería saber, si el decirme no es inconveniente: ¿De qué va a tratar la predicación del día de hoy, señor pastor?

-De la humildad y la abnegación- responde él.

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2 pensamientos en “El precio de la fama

  1. SenderoDePaz dice:

    Muy buena publicación compañero. Son los pilares fundamentales para mi los que trasmites, y es una pena que pocas personas consideren eso…

  2. Jorge dice:

    Excelente!

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