La ciencia y el Señor


La ciencia del Señor

A la verdad es muy complicado este punto, primeramente porque por siglos la lucha entre los creyentes y no creyentes, gnósticos y agnósticos, creacionistas y evolucionistas, científicos y religiosos, ha repercutido en desacreditaciones de parte de ambos bandos, tachando de errados a unos y locos fanáticos a los otros.

La multitud de campos en los que estas dos fracciones han tenido que verse las caras han sido muchas. A veces respecto a las cuestiones morales de las prácticas experimentales, otras por las divergencia de hechos históricos del canon sagrado con la historia secular; por los orígenes del este amplio y complejo universo (sea cual sea el concepto de universo en cada caso), etc. Esto es agravado por los antecedentes históricos, aún hasta el derramamiento de sangre, por las discrepancias en creencia o por la total incompatibilidad en los métodos de estudio y verificación de las “verdades”, que mientras en una deben de ser más físicas y cuantificables, en la otra necesariamente deben de ser sagradas e invisibles.

Entiendo que un científico encontrará vacías mis palabras por cuanto no pretendo utilizar sus términos ni comprobar nada mediante sus métodos, sino que mi escrito está dirigido a aquellos creyentes que aún exista una duda acerca de la buena voluntad del Señor en cada avance de la ciencia, la cual, no sólo evidencia su potencia, sino nos ayuda a entender cada vez más la improbabilidad de la ausencia de un Creador y Sustentador con influencia en todas las cosas.

Es necesario mencionar que en la Biblia, la palabra “ciencia” no tiene el mismo significado que en la actualidad, el diccionario VINE lo describe de la siguiente manera: “La ciencia en el moderno sentido de la palabra, esto es, la investigación, descubrimiento y clasificación de las leyes secundarias, no se halla en las Escrituras: gnosis solo significa «conocimiento»”, esto lo digo primeramente porque los método científico no era conocido en el mundo bíblico y no se ajusta a la perspectiva moderna, por obvias razones.

Pero les recuerdo que no tengo intenciones de acoplar este tema a la ciencia moderna. Por eso es que miremos hacia las Escrituras para conocer lo que nos dicen cuando se menciona ciencia:

Gén 2:17  mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

He aquí una prohibición para Adán y Eva y sus consecuencias, que se vinieron a convertir en su condena: “ciertamente morirás”. Aquí el Señor manifiesta que la ciencia “del bien y del mal”, es el conocimiento de lo que es recto y no que no. Pero el conocer éstas cosas no era lo que acarrearía la muerte, sino la desobediencia del mandato divino.

Esto nos sirve para encaminar nuestra perspectiva de la palabra “ciencia” en la Biblia, que se puede ajustar al significado de la palabra “conocimiento”, aunque es un poco más complejo.

Podemos ver que ciencia es entender, conocer, discernir, y esto no sólo en cuestiones del modo en que el universo funciona, sino en el conocimiento de  los tiempos y los propósito de Dios (Job 12:13).

Es importante ver que en la Biblia, a la relación sexual se le atribuye la palabra “conocer”, por cuanto provienen de la misma raíz hebrea que ciencia, esto es  “yada”:

Gén 4:25  “Y conoció de nuevo Adán a su mujer, la cual dio a luz un hijo, y llamó su nombre Set…”

Es importante para poder comprender esto, que el conocimiento en la Escritura es el descubrimiento de cosas que existen, según la creación de Dios, pero que nosotros las ignoramos (como un hombre descubriendo a su pareja en el acto sexual). Es sólo cuando tenemos una interacción de ellas, esto es cuando las conocemos, que la ciencia crece en nosotros.

Este tipo de perspectiva no es ajena a la ciencia moderna. Dejando de lado las disyuntivas con la fe, la ciencia en la actualidad trata de responder preguntas del modo en cómo funcionan las cosas, dándole nombres a las ya creadas, comprendiéndolas para imitarlas y reproducirlas según las necesidades humanas y el avance de la tecnología. Esto es, el hombre no inventó la electricidad, sólo la comprendió y la controló para su propio beneficio. Así, tampoco el hombre inventó el ADN, sólo lo descubrió, y le puso nombre a cada uno de sus componentes, para así comprenderlo y dar lugar a los muchos avances en el área de la genética. Y así, muchísimos ejemplos más.

Si comprendemos este punto, veremos que la ciencia no es mala ni contraria a la voluntad de Dios (Sal 94:10). Como cristianos no debemos de satanizarla, por cuanto ha repercutido para bendición de la humanidad y para darnos una mejor calidad de vida.

Por ejemplo, tenemos a un rey llamado Salomón, que el Señor le dio la oportunidad que le pidiera lo que quisiera, y este rey pidió algo extraordinario:

2Cr 1:10  Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?

Sabiduría y ciencia, qué inteligencia la de este rey al momento de solicitarle algo al Señor. Esto nos enseña primeramente que lo uno no viene con lo otro, sino que se complementan. Mientras que la ciencia es el conocimiento de las cosas, la sabiduría es el modo en cómo se puede utilizar ese conocimiento para bien, conforme a la voluntad del Señor.

He aquí donde empieza el problema ¿Por qué? Porque el hecho de tener el conocimiento de las cosas, no significa que se tenga la capacidad de utilizarlo correctamente. El hecho de tener la “ciencia del bien y del mal”, no significa que se decida por el camino del bien. Por eso es necesario tener sabiduría dirigida por el Señor (Ecl 7:12).

 

nebulosaVeamos el salmo 148. Habla acerca de la alabanza que la creación hace a su Creador. Los ángeles, el sol, la luna, las estrellas y los cielos, todos fueron creados por Él.

Sal 148:6  Los hizo ser eternamente y para siempre; Les puso ley que no será quebrantada

He aquí la potestad del Señor de colocar leyes universales las cuales no se pueden quebrantar. Toda la creación responde a estas leyes y las respeta; toda se sujeta a lo que el Señor le ha ordenado:

Job 12:8-9  O habla a la tierra, y ella te enseñará;  Los peces del mar te lo declararán también/ ¿Qué cosa de todas estas no entiende que la mano de Jehová la hizo?

Me impresiona ver cómo el universo tiene un sistema perfecto, es evidente la participación de una inteligencia superior que ha puesto estatutos y preceptos que el hombre no puede cambiar. A veces me pongo a pensar si sólo los humanos somos tan tontos como para no darnos cuenta que los animales y las plantas día a día obedecen las órdenes de Dios.

 Me impresionó un día ver a mi perrita mientras paría a sus primeras crías. Luego que salió la primera, vi cómo ella reventó la placenta para que su cría no se ahogara, lamió el pequeño hocico, y lo limpió para luego darle pecho. Tenía yo como 12 años y aquella vez me pregunté ¿Quién le enseñó esto?… Algún día miré un dibujo sobre el sistema solar y vi al planeta Tierra. Delante de él un planeta muerto por estar muy cerca del Sol, y después de él, un planeta muerto por estar muy lejos del mismo astro. Esto lo vi cuando estaba en primaria y me pregunté ¿Quién lo habrá puesto ahí?… Aún miré cómo todo nuestro cuerpo está elaborado de manera que la complejidad de nuestros órganos componen una orquesta preciosa que hace que no sólo caminemos, veamos, oigamos u olfateemos, sino con mínimos y perfectos detalles por ejemplo: que sudemos para que la temperatura se regule, miembros que formen órganos de reproducción, saliva para ayudar a masticar y comenzar el proceso digestivo, y cosas mínimas que parecen no ser importantes, sino hasta el día en que nos faltan; y me pregunto ¿quién sabía que todo lo íbamos a necesitar?.

A la verdad les diré que la posibilidad que una serie de sucesos aleatorios hayan coincidido de manera perfecta para crear la hermosura de la actual creación sin la intervención de la mente inteligente del Señor, es mínima, y no tengo que ser matemático para darme cuenta. A veces pienso que me es más fantasioso creerme que todo ocurrió por casualidad que creer que existe un Dios Creador de los cielos y de la tierra.

Comencé con ejemplos infantiles, pues son cosas para las que no se necesita haber obtenido un grado académico para darse cuenta que hay “algo” implícito que no te enseñan en los libros de la primaria. Tal vez por eso el Señor Jesús dice que para entrar en el reino de los cielos necesitamos que ser como niños (Mat 18:3), no sólo por su sinceridad, inocencia y capacidad de perdonar, sino porque la madurez física nos estorba para creer en las cosas obvias.

 No permita que su fe se desvíe de esta manera. La ciencia no debería de buscar maneras de sobajar la credibilidad de la Palabra del Señor, sino debiera fortalecerla. La práctica de la religión no debería ser un arma apuntando a cada avance de la ciencia, debería apoyarla pues en ella el Señor se glorifica.

Por eso Luis Pasteur escribía: “Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él”

El hombre debería de aprender al estudiar su entorno, que él es el único y solitario guerrero en esa batalla contra el Señor Todopoderoso.

Job 9:4  El es sabio de corazón, y poderoso en fuerzas;  ¿Quién se endureció contra él, y le fue bien?

Seamos, pues, sensatos. Si el Señor no lo creó todo, ¿entonces quién?… Y si nadie estudia a la creación ¿cómo comprenderemos su poder?

Por eso es que no considero prudente que la ciencia y la religión estén en desacuerdo. Sin embargo tal parece es inevitable:

Dan 12:4  Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará.

Correrán de aquí para allá denota intranquilidad y caos. El hombre no se conformará sólo con creer, sino que se elevarán sus deseos de conocimiento, por lo que la ciencia se hará una manera más efectiva de llenar ese vacío.

¿Y qué tipo de ciencia? Pablo le explica a Timoteo que no toda la ciencia es buen conocimiento:

1Ti 6:20  Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia,

Así, pues, el apóstol Pablo le explica a Timoteo acerca que no todo lo que se dice ser “conocimiento” lo es para provecho. Le advierte que no todo lo que se predica como ciencia, en verdad vale la pena. La falsa ciencia no se refiere a la ciencia moderna tal cual, sino a aquellos descubrimientos, comentarios, “verdades”, conjeturas o filosofías que no buscan otra cosa sino desacreditar, por eso las llama “profanas”. Aquí el punto no es alejarse de la ciencia que anhela un bienestar para el mundo, sino a hacer a un lado a la ciencia que tiene como principal objetivo el manchar las verdades del evangelio. Podemos ver que la “falsa ciencia” tiene un propósito contrario a la religión, mientras que la verdadera ciencia sólo anhela escudriñar las verdades inmersas en la creación (podría asegurar que la verdadera ciencia no es tendenciosa).

Por eso, los avances de la tecnología, como consecuencia de la ciencia tampoco deben de ser desechados, pues de ellos todos disfrutamos. Aún el monitor donde estás leyendo esto, es producto de esa bendición que el Señor le ha dado a nuestra generación.

Por ejemplo el rey Uzías: E hizo en Jerusalén máquinas inventadas por ingenieros, para que estuviesen en las torres y en los baluartes, para arrojar saetas y grandes piedras. Y su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso (2Cr 26:15)

¿Qué tiene de malo que la ciencia y la tecnología avancen? ¿Acaso el que dispone de ese conocimiento no es superior a sus contemporáneos?… ¿Qué sería de nuestro país si nos dispusiéramos a construirlo sobre los cimientos del conocimiento, y más aún, de un perfecto conocimiento que es el Señor Jesucristo?

Entiendo que esto es más complejo, y que la armonía entre la ciencia y la religión pareciere más un utopía, pero tenemos que comprender que muchos de estos problemas han sido causados por los mismos humanos y no por las bases puras tanto del Evangelio como del método científico. Seamos, como cristianos, prudentes al tratar estos temas.

Flp 1:9  Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento,

Pero noten que es necesario el amor, para que éste abunde en ciencia y conocimiento, porque:

1Co 13:2  Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

Así, pues esforcémonos en lo que nos compete conforme a nuestra posición en el mundo: a fortalecernos en el amor, con el cual se ganan más corazones que en discusiones vanas. El Señor nos bendiga y podamos ser esos instrumentos que él quiere que seamos.

 

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! / Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?

Rom 11:33-34

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Un pensamiento en “La ciencia y el Señor

  1. Chrys Caro dice:

    Dios te bendiga, y ánimo, adelante!!!

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