El amor a los enemigos


 “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mat 5:44) 

Qué poderosas palabras por parte de nuestro Señor Jesús, estas guardan la verdadera esencia de la práctica del cristianismo, apelan a los más altos valores religiosos y apuntan hacia un perfecto amor, que sólo puede provenir de Dios.

El cristianismo está muy maleado, si agarráramos a lo que hoy se denomina “cristiano”, y le quitáramos los intereses monetarios, los anhelos de glorias humanas, las similitudes a la cultura mundana, el esoterismo que muchas veces se le impone a tales prácticas, podríamos hallar un cristianismo puro, el cual se ve muy poco hoy en día. ¿Y esto qué tiene que ver con el verso en cuestión?

Que para el cumplimiento de éste mandato de parte de Cristo “Amar a vuestros enemigos”, es necesario primeramente el conocimiento del verdadero cristianismo, basado en el amor (Jua 13:34). El amor es el sentimiento que tantas veces se ha trillado cada 14 de febrero, pero a la verdad en ese día sólo la representan como una emoción momentánea, como un evento en específico. Sin embargo, las Escrituras lo llaman de la siguiente manera:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad” 1Co 13:4-6

Les ruego que lean y relean este verso hasta comprender los atributos del amor aquí expuestos. Podrán ver que éste es un amor puro, no hay maldad en él, ni tampoco hay otras intenciones más que el dar. Veo ciertamente el amor de Dios, el cual al hombre le es muy difícil manifestar. En la tierra puedo imaginar amor similar cuando una madre cuida a su hijo con tal amor, no esperando nada de él, no anhelando ninguna recompensa de su hijo; y en ningún momento dije “hijo pequeño”, es impresionante ver cómo las madres día con día viven para darle el sustento a su casa, se regocijan en ver que sus hijos nada les falta, y su mayor recompensa es que les digan que las aman. Pero aún así, no es un amor tan perfecto como el del Señor.

 

Para amar a nuestros enemigos es necesario morir a nosotros mismos. Verán, el hombre por naturaleza cuando es ofendido tiende a guardar rencor, algunas veces se manifiesta en venganza y en otras sólo crea heridas en el alma, las cuales los hombres conocemos, no importando el “título” que sostiene un clavo en la pared de su casa. Ese sentimiento de odio nace en los corazones de los hombres y los marca, los dirige, los transforma; son, como dicen, los golpes de la vida.

perrito y gatitoSi tú tienes un enemigo, o alguien que te hizo daño, se burló de ti, te amenazó, te ridiculizó o aún te hizo un mal grande, como golpearte o una violación, puedo suponer que no tienes las mejores ganas que le vaya bien en la vida. Y podrías pensar que es la búsqueda de la justicia. “Ojo por ojo, diente por diente” (Éxo 21:24), “el que la hace, me la paga”. Pero tal vez deberíamos de reconocer que tal vez no es justicia sino odio lo que mueve nuestro corazón (Jer 17:9  Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?). Debemos de reconocer primeramente que nuestra justicia, no es LA justicia. Y tenemos que conocer que nuestros métodos, no son los de Dios (Isa 55:8  Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová). Pues a Dios se le ha ocurrido una mejor idea…. Señoras y Señores… les presento al perdón.

Este acto es imposible para el hombre sin Dios, pues sólo Dios lo puede colocar en el corazón del hombre. El perdón es el dejar de lado todo lo que alguien te haya hecho, olvidar lo malo que te hizo sentir, dejar de lado todo el orgullo que te aferra a mantener ese sentimiento con el que se sustente tus actos, pero sobre todas las cosas (las más puras y hermosas que nos pudo dejar el Señor Jesucristo), es que debes de procurar su bien.

El perdón sólo “de boca” no es perdón, es necesario los hechos (Stg 2:17). El perdonar no es algo que venga junto con el hombre como la capacidad de irritarse o el gusto por los placeres de la carne, no. El perdonar es un acto contrario a todo lo que en el hombre se deleita, pero no puede ser otorgado por un hombre sin Dios, porque el más grande y seguro incentivo para perdonar es la obediencia a los mandamientos del Señor, y el corazón agradecido por su perdón y salvación.

El perdonar no es algo sencillo para la carne, pero es algo que el espíritu anhela con pasión. El perdón trae libertad, mientras el rencor trae prisión y cargas. El perdón es una grande evidencia de que somos hijos de Dios, por cuanto evidenciamos que conocemos del perdón del Padre y lo hemos recibido, por cuanto no podemos dar algo que no tenemos.

 

 Por eso, lo que necesitamos para amar a nuestros enemigos (ojo, ya no estoy hablando de perdonar, sino de amar) es conocer el amor de Dios.

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4:10).

Este es el amor de Dios, el necesario para comprender la grandeza de Jesús y la pequeñez de nuestra condición. A la verdad nosotros como hombres cada día tenemos miles de razones para enojarnos, para crearnos nuevos rencores y hacernos de más enemigos. Pero debemos como seguidores de Cristo de ver el inmenso amor de Dios que supera todos nuestras expectativas, las cuales fueron demostradas no sólo “de boca” sino de hechos cuando en la Cruz, Jesús llevó nuestros pecados (pero no lo lea como un dicho triviado), sino que JESÚS LLEVÓ NUESTROS PECADOS, sí, los tuyos y los míos. Por eso es que debemos de bendecir hasta aquellos que nos dicen que estamos locos, por eso debemos de amar a aquellos que dicen que nos aborrecen, es por esto que tenemos que decirles a todas las personas que Dios los ama, no importa que ellos no lo amen a Él, porque él ya lo ha demostrado.

El amar a quién te aborrece no es una tarea fácil pero el Señor lo puede lograr en todos nosotros. Esta es una labor exclusiva sólo para valientes.

Este escrito bien puede ser utilizado por aquellos que critican a los cristianos, para conocer las razones por las que a veces tenemos ciertos comportamientos. Pero les diré, que si en algo quisieran buscar a un cristianismo verdadero, puro y sin mancha, búsquenlo haciendo esto: conoce el amor de Dios, y cuando sientas su perdón, entonces ama a tus enemigos.

Y no se les olvide a los cristianos, que no es bueno clamar por justicia contra alguien que nos ataca o nos difama, nos ofende o nos estorbar. Porque si por justicia nos hubiera juzgado el Señor, hubiéramos sido destruidos. Apelemos a su misericordia para con quienes nos ultrajan, considero que es lo mínimo que podemos hacer.

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