Invitación a imaginar


Imagina:

Te encuentras en un lugar muy diferente a los que has estado antes. No te sientes un extraño, a pesar que nunca lo habías visto; es un sitio nuevo, pero te resulta familiar. Reconoces la paz, reconoces el sentimiento, la presencia que alguna vez sentiste en alabanza, en la lectura de aquel libro, en la soledad de tu cuarto.

Ves que tus vestidos son blancos, te sientes diferente, aún tu cuerpo es distinto. Comienzas a comprender dónde te encuentras. Hay tu alrededor hay muchos como tú, y no son pocos, tantos como tu ojo puede ver, tan admirados y sorprendidos como tú.

Unos ríen, otros disfrutan del sentimiento, otros gritan, pero todos alaban. La paz y el gozo reinan. El dolor, la tristeza, los problemas son como un mal sueño que ya ha pasado, no tienen lugar en ese sitio. Y comienzas a comprender dónde te encuentras.

Sabes que has llegado, ¡sí!, por fin, te encuentras en ese lugar.

Ahí están todos. Los que pelearon contigo cada día las batallas de rodillas, los que esperaron con paciencia que llegase al fin este día, los que corrieron la carrera que debían de recorrer. También están los que se adelantaron, los que se fueron antes, conoces que depositaron bien su confianza cuando te dijeron que se volverían a ver. Todos están allí, no falta ninguno (si alguno falta no lo sabes).

Los ángeles te rodean y serafines se alegran junto contigo, escuchan sorprendidos el cántico de los hijos de la Gracia. No es un canto como los que ellos cantan día sin noche, es un canto de profunda gratitud, un canto de aquellos que están donde siempre habían querido, donde no merecían, donde “por sus fuerzas” no podían llegar. Es el canto de los redimidos.

Todos cantan a una voz. No es algo como “Santo, Santo, Santo” es más bien como “Gracias, gracias, gracias”, es un mismo corazón. Lo dirigen hacia el trono, en donde sentado está el Deseado de su alma. No hay más llanto, sino todos llorarían al mirarlo, por estar en su presencia. Los sentimientos se agolpan, no hay palabras para describir lo que en ese lugar se siente, no existía lugar en la mente para conocer lo que se habría de vivir en este día.

El que está en el trono los observa complacido. Aquel al que todos conocen, del que ya saben del calor de sus brazos, del que habían sentido su mirada, del que alguna vez escucharon su voz, sus palabras; que aún caminaron con Él, pero que hoy lo ven tan distinto, por fin lo ven cara a cara.

Él los mira con amor pues a todos los conoce, todos son suyos, Él los ha reunido ahí… Pues a todos Él rescató…

_____

Cuando el hombre halle lugar en su regazo y sienta el abrazo de su perfecto amor, cuando pueda estar en su presencia, no importa que caiga de rodillas o no pueda mantenerse en pie, sabrá que perder su vida era muy poco, que la cruz no era pesada, y el yugo en verdad ligero; sabrá que el “sacrificio perfecto” era necesario, pues nadie se puede comparar a Él…

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada”

Isa 53:10

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