El UNGIDO


 

Terry tenía un destino. Era una meta que él mismo se había trazado como seguidor de Cristo, siendo sobreviviente de la última persecución en la región donde vivía, en la cual murieron su madre y sus hermanos.

Se convirtió en misionero para cumplir su objetivo y aprendió sobre cómo conmover los corazones de los hombres y llevarlos a cambiar su estilo de vida. Viajó a muchos países haciendo discípulos conforme al mandamiento del Señor: los bautizaba y les enseñada sobre la lealtad, la fe apasionada y la irreprensible Palabra, así como su interpretación que como maestro él hacía.

Predicaba a Cristo y todas sus enseñanzas. Exaltaba a grandes multitudes a rendirse ante Dios y respetar sus estatutos. Y aunque algunas de sus enseñanzas eran nuevas y extrañas para entonces, pronto llegó a recibir aceptación de aquellos que en algún tiempo se le oponían.

Enseñaba sobre una vida entregada a la obediencia y el servicio, y las masas hambrientas de buscar de Dios se alimentaban con cada una de sus palabras, que eran dulces y llenas de luz en medio de la oscuridad.

La obra de Terry creció a pasos agigantados de acuerdo a su destino. Debido al pago de los diezmos, conforme al mandamiento de Dios, consiguió expandir su visión en muchos lugares, dominando los corazones de los hombres de ciudad en ciudad y de país en país, cruzando océanos y límites territoriales con el poder de sus literaturas y sus efectivas estrategias proselitistas. Sus campañas de evangelización causaron gran impresión superando cualquier movimiento religioso de la época y aún antes que él.

Viajó durante muchos años y predicó ante incontable número de personas. Las manifestaciones de poder eran visibles, y los milagros que hacía al imponer las manos asombraron a muchos incrédulos, llevándolos a creer en el poder de Dios, agregándolos a sus grupos de enseñanza.

Había mucha gente que no creía en él, principalmente la comunidad científica y los religiosos conservadores, pero no podían negar el respaldo espiritual, que ante sus ojos era sobrenatural.

Era fuerte con los altivos y dulce con los humildes. Frenaba todo comentario sobre la enseñanza de la vida del Señor Jesús y callaba con furor a aquellos que alzaban su voz para detener su obra.

Los ciegos veían, los cojos corrían, los sordos escuchaban, los mudos hablaban, las enfermedades eran sanadas y los demonios sometidos, todo en el nombre de Jesús. En la radio y la televisión transmitían todas sus enseñanzas y había mucha discusión, pero Terry seguía siempre firme a cumplir el objetivo que se había planteado, el destino que tenía por delante.

Tenía una humildad y un carisma que cautivaba a sus seguidores y en él, la humanidad encontró lo que durante mucho tiempo había estado buscando, algo que nunca se habían imaginado que podía convertirse en una realidad… una verdadera posibilidad de paz.

A los 17 años de iniciar su ministerio ya había logrado mover los corazones de los líderes políticos a la obediencia de la doctrina de los apóstoles y tres años más tarde había logrado crear relaciones firmes entre todas las religiones logrando una concordancia de toda la humanidad en cuanto a las opiniones políticas y religiosas, una armonía entre lo material y lo espiritual. Estaba en lo más alto de sus ideales, y el su sueño se iba a hacer realidad…

 

Su destino se estaba cumpliendo. Aquél destino que era claramente visible en las páginas de la Biblia, de donde NO provenían sus enseñanzas. Era evidente en la Palabra de Dios que ya casi nadie leía, ni se podía encontrar con facilidad desde la última persecución donde murieron sus hermanos, de cuyo contenido poco predicó. Era tan claro su destino en todos sus libros, plagados de doctrinas de hombre, disfrazadas con las palabras del Señor según la necesidad espiritual que le rodeaba.

Su destino…. Que era predicar a un falso Cristo y una falsa doctrina; y llevar al mundo a obedecerle como venganza contra Dios, por fin se estaba cumpliendo. Y cuando por fin se reveló cuál era su destino, ya era muy tarde y el mundo le pertenecía.

 Del cielo nacieron luces de incertidumbre a los engañados, y buenas expectativas a los que no le creyeron… pues el fin ya estaba muy cerca.

 

"No todo el que me dice; Señor, Señor, entrará en el reio de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" Mateo 7:21

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Un pensamiento en “El UNGIDO

  1. Allan Keith dice:

    Muy cierto todo lo que dices, no dejes de escribir!!.

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