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Yo me quiero ir al cautiverio

El pueblo de Israel fue llevado cautivo a Babilonia por Nabucodonosor. ¿Cuál fue la razón?

Los pecados más comunes en Jerusalén eran la idolatría, los homicidios, la lujuria, la injusticia, el mal juicio, la acepción de personas, la falsa profecía, el mal sacerdocio y la malicia de los corazones. Por eso el Señor había decidido derramar la copa de su ira, y no la iba a detener nadie.

En la tierra hemos visto que el justo sufre, y en las catástrofes nacionales entre los muertos también son contados los buenos. Esto también fue una realidad en la captura de Jerusalén, por Nabucodonosor:

Isa 13:16  Sus niños serán estrellados delante de ellos;  sus casas serán saqueadas,  y violadas sus mujeres.

Pero la enseñanza que veremos a continuación es netamente espiritual. En la cual se cumplen las promesas de Dios, de que aunque en la carne el justo a veces muere entre los impíos, en las cosas espirituales cada uno recibe la porción y la honra que le corresponde.

Jerusalén cayó en el año 586 a.C. sin embargo, Nabucodonosor ya había dominado a Israel en el año 599 a.C., cuando éste se llevó al rey Joaquín y a sus oficiales al cautiverio:

Vino también Nabucodonosor rey de Babilonia contra la ciudad,  cuando sus siervos la tenían sitiada /  Entonces salió Joaquín rey de Judá al rey de Babilonia,  él y su madre,  sus siervos,  sus príncipes y sus oficiales;  y lo prendió el rey de Babilonia en el octavo año de su reinado (2Re 24:11.12)

En esa ocasión, Nabucodonosor no destruyó a Jerusalén, sólo se llevó cautivos a todos los líderes y gente importante para debilitar el poder político de Judá. Le impuso tributo al reino y también un rey, a Matanías al cual cambió su nombre a Sedequías, el que se convertiría en el último rey de Judá (2Re 24:17).

Los que se fueron al cautiverio, creyeron a la voz de los profetas que  decían que Nabucodonosor era un enviado del Señor para realizar sus planes. Por ejemplo Isaías:

Isa 41:25  Del norte levanté a uno,  y vendrá;  del nacimiento del sol invocará mi nombre;  y pisoteará príncipes como lodo,  y como pisa el barro el alfarero.

Y más claramente Jeremías.

Jer 25:9  he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová,  y a Nabucodonosor rey de Babilonia,  mi siervo,  y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores,  y contra todas estas naciones en derredor;  y los destruiré,  y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua.

Jer 38:3  Así ha dicho Jehová  De cierto será entregada esta ciudad en manos del ejército del rey de Babilonia,  y la tomará.

Sin embargo, los que se fueron cautivos estaban muy tristes debido a que sabían que tal vez nunca volverían a ver a su amada ciudad. Y los que se quedaron, pensaron que ya se habían librado del castigo que les correspondía.

Pero el Señor tenía una visión diferente para los cautivos, los cuales se sentían derrotados y desahuciados. Ponga mucha atención en este fragmento:

Después de haber transportado Nabucodonosor rey de Babilonia a Jeconías hijo de Joacim,  rey de Judá,  a los príncipes de Judá y los artesanos y herreros de Jerusalén,  y haberlos llevado a Babilonia,  me mostró Jehová dos cestas de higos puestas delante del templo de Jehová (Jer 24:1)

 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Como a estos higos buenos,  así miraré a los transportados de Judá,  a los cuales eché de este lugar a la tierra de los caldeos,  para bien / Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien,  y los volveré a esta tierra,  y los edificaré,  y no los destruiré;  los plantaré y no los arrancaré / Y les daré corazón para que me conozcan que yo soy Jehová;  y me serán por pueblo,  y yo les seré a ellos por Dios;  porque se volverán a mí de todo su corazón / Y como los higos malos,  que de malos no se pueden comer,  así ha dicho Jehová,  pondré a Sedequías rey de Judá,  a sus príncipes y al resto de Jerusalén que quedó en esta tierra,  y a los que moran en la tierra de Egipto. (Jer 24:5-8)

Esto sucedió, porque el Señor quitó primero los higos buenos, para que al pasar su fuego, no se quemaran, sino sólo los higos malos.´

Esto es el tema principal. Pues cuando el Señor derrama su ira (la cual ninguno hemos sentido, ni tenemos las mínimas ganas de probar) Él primero saca a su pueblo para que no sufran el mal que va a hacer a los pecadores. ¿Alguien recuerda esta parábola?

El les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres,  pues,  que vayamos y la arranquemos? / El les dijo: No,  no sea que al arrancar la cizaña,  arranquéis también con ella el trigo / Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega;  y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña,  y atadla en manojos para quemarla;  pero recoged el trigo en mi granero (Mat 13:28-30)

Al Señor le interesa que ninguno de su pueblo se pierda, ni que ninguno de sus justos reciba de su ira. Porque una cosa es que nosotros suframos tribulación, y otra muy diferente es que suframos la ira de Dios. Porque “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb 10:31)

Tenemos como ejemplo el caso del rapto:

Mat 24:40  Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado,  y el otro será dejado.

Aquí vemos cómo el Señor nos enseña que en el arrebatamiento de la iglesia, unas personas se irán y otras se quedarán. ¿Les parece que tiene algo que ver con la deportación a Babilonia? Podría parecer que no. Pero podemos ver  que después de ambos acontecimientos existe un momento de tribulación y angustia.

Escatológicamente, la Gran tribulación se sitúa posterior al rapto de la iglesia, antes de la Segunda Venida de Cristo. Es por esto que el Señor saca a su pueblo antes de su venida, pues en ella ya no existirá la gracia, sino la justicia, y eso será terrible para quienes prueben lo que les corresponde según sus obras. Por cuanto los hombres no quisieron recibir la verdad cuando era el tiempo, se empeñarán en sus mentiras durante el reinado del Anticristo (que es la gran Tribulación para los justos) y llenarán la medida de la copa de sus pecados.

Pero el problema no es para los que se van con el Señor, así como los que se fueron al cautiverio. La problemática es para los que se quedan a la Gran Tribulación, así como los que se quedaron en Jerusalén. Éstos últimos sufrieron la espada de la guerra, el hambre del sitio y la pestilencia de la mortandad (Jer 21:9). Los que se queden para la Gran Tribulación sufrirán el hambre por no poder comprar nada (Apo 13:17) y la muerte pues serán asesinados. Sólo unos poco sobrevivirán:

Mat 24:22  Y si aquellos días no fuesen acortados,  nadie sería salvo;  mas por causa de los escogidos,  aquellos días serán acortados.

Una vez cumplidos, el Señor regresará con sus santos y los salvará. Quienes hayan gemido a causa de las abominaciones que se hacen sobre la tierra serán librados, y los malvados perecerán.

Apo 17:14  Pelearán contra el Cordero,  y el Cordero los vencerá,  porque él es Señor de señores y Rey de reyes;  y los que están con él son llamados y elegidos y fieles.

A diferencia de los tiempos de la gracia en que se sellaban con el Espíritu Santo a los que iban a ser salvados (Efe 1:13), durante el tiempo de la “justicia” sólo serán salvos aquellos que no tengan la marca de la bestia (Apo 20:4). En la primera, la salvación se obtenía por creer en Dios (Rom 11:6); en la segunda es por no creer en Satanás (Apo 14:9).

La Gran Tribulación será una etapa terrible durante la historia de esta raquítica tierra, pues en aquellos tiempos existirá una aparente ausencia de Dios. El Espíritu Santo se habrá retirado junto con la iglesia, y con las reformas del anticristo no se permitirá el culto a ningún dios. Todo estará preparado para la celebración de una victoria por parte del reino de las tinieblas, la cual será interrumpida por el resplandor de la llegada del Rey de Reyes y Señor de Señores.

Los que creyeron que Nabucodonosor era enviado de Dios para destruir, fueron salvados. Los que crean que Jesús es el enviado de Dios para salvar, también serán salvados. Asegúrate estar entre los que estarán delante de Cristo, el día en que él venza a Satanás.

Por eso, yo me quiero ir al cautiverio, que quedarme en Jerusalén.

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado,  llamadle en tanto que está cercano (Isa 55:6)

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