El buen sacerdote Elí


Durante los últimos años del periodo de los Jueces en Israel existió un buen hombre llamado Elí. Él ministraba en el tabernáculo de Israel, donde se resguardaba el arca de Dios en un lugar llamado Silo. Este hombre tenía dos hijos, los cuales también fueron constituidos sacerdotes y tenían la responsabilidad de hacer los sacrificios que el pueblo llevaba al Señor como expiación, ofrenda de paz o primicia. Y también tenían los privilegios que como sacerdotes de su casa, el Señor les había otorgado.

El Señor nuestro Dios había mandado por su siervo Moisés, referente a los sacrificios que el pueblo llevaba a los sacerdotes para ofrenda:

Lev 7:29-34“Habla a los hijos de Israel y diles: El que ofreciere sacrificio de paz a Jehová,  traerá su ofrenda del sacrificio de paz ante Jehová.

Sus manos traerán las ofrendas que se han de quemar ante Jehová;  traerá la grosura con el pecho;  el pecho para que sea mecido como sacrificio mecido delante de Jehová.

Y la grosura la hará arder el sacerdote en el altar,  mas el pecho será de Aarón y de sus hijos.

Y daréis al sacerdote para ser elevada en ofrenda,  la espaldilla derecha de vuestros sacrificios de paz.

El que de los hijos de Aarón ofreciere la sangre de los sacrificios de paz,  y la grosura, recibirá la espaldilla derecha como porción suya.

Porque he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la espaldilla elevada en ofrenda,  y lo he dado a Aarón el sacerdote y a sus hijos,  como estatuto perpetuo para los hijos de Israel.”

Qué gran honor tenían estos varones que no sólo pertenecían a la tribu de Leví, la cual el Señor había apartado (de donde viene la palabra santidad); sino que también tenían el honor de ser los pocos de ministrar en el tabernáculo, y recibir la porción que sólo les correspondía a los sacerdotes. (Nota: no todos los levitas eran sacerdotes, sólo los de la línea de descendencia de Aarón).

Sin embargo:

1Sa 2:12-17  “Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.

Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo,  que cuando alguno ofrecía sacrificio,  venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne,  trayendo en su mano un garfio de tres dientes,

y lo metía en el perol,  en la olla,  en el caldero o en la marmita;  y todo lo que sacaba el garfio,  el sacerdote lo tomaba para sí.  De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo.

Asimismo,  antes de quemar la grosura,  venía el criado del sacerdote,  y decía al que sacrificaba:  Da carne que asar para el sacerdote;  porque no tomará de ti carne cocida,  sino cruda.

Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero,  y después toma tanto como quieras;  él respondía: No,  sino dámela ahora mismo;  de otra manera yo la tomaré por la fuerza.

Era,  pues,  muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes;  porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.”

Pero estos jóvenes eran insensatos y llenos de malicia. Pues no sólo dice la Palabra que “No tenían conocimiento del Señor” (1Sa 2:12), sino que también cometían grande pecado, pues no hacían conforme a lo que Dios había mandado de quemar la grosura, que representaba el pecado. Y también tomaban del animal que le correspondía al Señor, y no sólo la porción que les tocaba a ellos. Grande mal era este, pues ni respetaban ellos las leyes, y ni dejaban que el pueblo ofreciera su sacrificio de manera correcta. Se parecían mucho a los fariseos del tiempo de Jesús (Mat 23:13  Mas  ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres;  pues ni entráis vosotros,  ni dejáis entrar a los que están entrando).

Y no sólo eso, sino que también se hablaba mal de ellos a causa de los otros pecados que cometían, aún a las puertas del tabernáculo, en donde la presencia del Señor habitaba. Como podemos leer:

1Sa 2:22  Pero Elí era muy viejo;  y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel,  y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

Así estos muchachos ni temían a Dios, y hasta parecía que no hubieran crecido bajo las alas del sacerdocio del Altísimo. A la verdad nunca sabremos a ciencia cierta cuál fue el motivo por el que su vida se inclinó tan cínicamente hacia el mal.

Elí los reprendió por toda esta mala fama (1Sa 2:23-25), diciendo palabras poderosas y llenas de razón, conforme a su oficio:

1Sa 2:24  No,  hijos míos,  porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.

“Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?” (1Sa 2:25)

Pero dice la palabra que “ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir”.

Pareciera que el Señor se comporta de manera muy severa en esta situación. Pero es necesario recordar que la gran mayoría de los pecados que los hombres cometemos, lo hacemos contra nuestro prójimo. Pero estos jóvenes hacían cosas gravísimas contra Dios, y más si las comparamos con las enseñanzas de Jesucristo:

Ofendían directamente a Dios: Mat 12:31  Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres;  mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.

Hacían el mal sabiendo lo que era correcto: Luc 19:22  Entonces él le dijo: Mal siervo,  por tu propia boca te juzgo.  Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse,  y que siego lo que no sembré;

Stg 4:17  y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.

 y todavía lo vestían de religiosidad: Mat 23:14   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas!  porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones;  por esto recibiréis mayor condenación.

Mat 23:25   ¡Ay de vosotros,  escribas y fariseos,  hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato,  pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.

Qué terrible es el pecado cuando no se frena a tiempo. Y más aún en el ámbito eclesiástico donde las almas sin el Espíritu buscan a Dios en los otros hombres, a causa de su ceguera. Así el pecado de estos jóvenes se hacía más grande “pues hacían pecar al pueblo de Jehová (1Sa 2:24)”.

Pero como siempre, el pecado no queda sin castigo:

1Sa 2:27-36  Y vino un varón de Dios a Elí,  y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre,  cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?

Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel,  para que ofreciese sobre mi altar,  y quemase incienso,  y llevase efod delante de mí;  y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.

¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo;  y has honrado a tus hijos más que a mí,  engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?

Por tanto,  Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente;  mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga,  porque yo honraré a los que me honran,  y los que me desprecian serán tenidos en poco.

He aquí,  vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre,  de modo que no haya anciano en tu casa.

Verás tu casa humillada,  mientras Dios colma de bienes a Israel;  y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa.

El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar,  será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor;  y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril.

Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos,  Ofni y Finees: ambos morirán en un día.

Y yo me suscitaré un sacerdote fiel,  que haga conforme a mi corazón y a mi alma;  y yo le edificaré casa firme,  y andará delante de mi ungido todos los días.

Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan,  diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.

Esta es la sentencia de Dios para a casa de Elí. Y no era cualquier cosa. A la verdad el castigo era terrible, pero justo al grado en que estos jovencitos habían pecado.

Primero el Señor le presenta la posición en la que Elí y sus hijos se encontraban. Ellos tenían el honor de servir de intermediarios entre los hombres y Dios como sacerdotes, un puesto de gran valor por el que ellos habían hecho ABSOLUTAMENTE NADA para merecerlo, esto es, lo tenían por pura gracia, por una promesa hecha a Aarón a quien Dios dispuso en su total soberanía sobre las demás casa Israelitas. Ellos pues eran encargados de las cosas santísimas, por lo cual debían manifestar una actitud acorde al puesto que desempeñaban. Sólo ellos podían ofrecer incienso. Sólo ellos podían comer del pan de la proposición. Sólo ellos podían entrar en el Lugar Santo. Sólo ellos podían auspiciar las fiestas anuales solemnes. Ellos tenían a su disposición un número muy grande de levitas para realizar todos los ministerios correspondientes al templo. Y sólo uno de entre ellos, tenía el privilegio que anhelaron muchos y aún anhelamos en nuestros días, de presentarse delante de la presencia visible del Dios Todopoderoso una vez al año.

Después el Señor expresa que Elí holló, esto es pisoteó, las ofrendas que él había ordenado (palabra que hacen plenamente responsable a Elí del pecado de sus hijos, y también, de desobediencia por parte de él) ¿Pero por qué Elí? “Porque había honrado a sus hijos más que a Dios”.

Aquí vemos primero el pecado por acción: los hijos de Elí, Ofni y Finees, pecaron desechando a Dios y las cosas de su habitación, cometiendo apostasía al deshonrar el sacrificio a Dios. Cometieron actos vergonzosos con las que hicieron pecar al pueblo.

Luego vemos el pecado por omisión: Elí vio el pecado de sus hijos y no los corrigió a tiempo. Y para cuando quiso hacerlo, ya era demasiado tarde.

Es por eso que le dijo el Señor a Samuel, por visión nocturna:

1Sa 3:11-14 “Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel,  que a quien la oyere,  le retiñirán ambos oídos.

Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa,  desde el principio hasta el fin.

Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre,  por la iniquidad que él sabe;  porque sus hijos han blasfemado a Dios,  y él no los ha estorbado.

Por tanto,  yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás,  ni con sacrificios ni con ofrendas”

He aquí un esquema más amplio del pecado de Elí: “Él no los había estorbado”. Esto es, que si bien Elí no les enseñó a sus hijos a blasfemar contra Dios y su pacto, él tenía la responsabilidad de impedírselos, por cuanto las ordenanzas directas de Dios estaban siendo pisoteadas. Y él, como espectador condescendiente, las pisoteaba junto con ellos.

Cuando Samuel le dijo a Elí las palabras de Dios, él solamente respondió:

“Jehová es; haga lo que bien le pareciere”

Más que una frase que denote conformismo, esta es una frase que debe de llenar nuestro corazón de tristeza a causa de la situación de Elí. Este varón de Dios nos hace ver que, a diferencia de sus hijos, él sí conocía a Dios, su Todopoder y Soberanía. Dios muchas veces antes le había hablado a él como lo había hecho esa noche con Samuel y conocía que las palabras del Dios al cual había servido toda su vida eran certeras y dignas de sujeción. Qué sentencia tan más cruenta contra un hombre cuya alegría de traer dos hijos a la vida, que soñaba que algún día uno llevara el Urim y el Tumim, se convertía al pasar de los años en una pesadilla que ese día tomaba forma de condena. Qué triste que su único pecado haya sido el que algún día fuese su dicha.

¿Será que estos jóvenes tenían idea del mal tan grande y de las consecuencias tan terribles que acarrearían a la casa de su padre? Los hombres que desvían los caminos de la equidad en las cosas más pequeñas, luego lo harán en las más grandes. Así, Elí debió haber visto algunas actitudes en el comportamiento de sus hijos, pero es casi seguro que nunca las supo corregir en su momento. Por eso el sabio nos dice:

Pro 19:18  Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza;

 Mas no se apresure tu alma para destruirlo.

Hermoso proverbio que Elí no tuvo la oportunidad de oír. Pero nosotros sí tenemos ese privilegio, así esto nos sirva como ejemplo, de lo importante de saber dirigir a nuestros hijos mientras nos temen, para cuando sean adultos sepan andar por los caminos que les enseñamos

Pro 22:6  Instruye al niño en su camino,

 Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.

Sabemos que nadie nace sabiendo ser padre. Pero vale la pena tener en cuenta estas cosas, y no cometer los errores que ocurrieron en los hijos de Elí.

El pecado de Elí sobre los hijos de Elí

Los días de las campañas de guerra comenzaron, y los judíos se reunieron en Eben-ezer para luchar junto con los filisteos. Viendo que la batalla que se inclinaba hacia sus enemigos, los varones judíos pidieron que el arca fuese traída al campo de batalla. Los israelitas pensaron que eso atraería una victoria segura, pero se llevaron la amarga sorpresa de ver cómo la espada de sus enemigos devoraba a sus compatriotas, el arca era tomada, y la palabra del Señor, contra los hijos de Elí, cumplida:

1Sa 4:11  Y el arca de Dios fue tomada,  y muertos los dos hijos de Elí,  Ofni y Finees.

Así, de manera miserable acaba la vida de los hombres que ocasionaron tristezas a su padre. Cargando el arca, con el mismo disfraz de piedad que siempre expresaron por fuera, pero con el castigo visible delante de los ojos del pueblo, conforme a su corrupción interna.

La noticia llegó a Elí, por alguno de los sobrevivientes de la derrota del pueblo de Israel por manos filisteas. Le contó lo que él ya sabía que era inevitable, la muerte de sus hijos, y también de la captura del arca, por parte de sus enemigos.

1Sa 4:18  Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios,  Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta,  y se desnucó y murió;  porque era hombre viejo y pesado.  Y había juzgado a Israel cuarenta años.

Muerto Elí, Samuel tomó el liderazgo del pueblo de Israel, siendo el último y más grande Juez que tuvo. Siendo enseñado por Elí, supo andar en los camino del Señor todos los días de su vida, y aunque nunca se le nombra en la Biblia en el puesto del sumo sacerdote, ejercía todas las funciones de éste. Cumpliéndose una parte de la larga profecía en contra de la casa de Elí, cuyas consecuencias apenas comenzaban a manifestarse.

El pecado de Elí sobre la casa de Elí

Por desgracia en aquellos tiempos Dios había establecido que Él visitaba la maldad de los padres sobre los hijo hasta la tercera y cuarta generación de los que le aborrecen (Éxo 20:5). Mandato que fue revocado por el Señor mismo en tiempos de de Jeremías (Jer 31:29-30  En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad;  los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias,  tendrán la dentera). Así que el castigo de Ofni y Finees no sólo cayó sobre la cabeza de su padre, sino también sobre sus generaciones futuras. Y esto también era palabra del Señor, y era necesario que se cumpliera para dirección de la iglesia actual:

1Sa 2:31  “He aquí,  vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre,  de modo que no haya anciano en tu casa”

He aquí donde muchos tropiezan, pues pueden pensar que Dios es injusto. Pero nunca se nos debe de olvidar que Dios no responde a nuestros propios pensamientos, ni su proceder depende de nuestro modo subjetivo de ver las cosas. Sino que “Él ES” y nosotros debemos de comprenderlo a Él, y no Él a nosotros.

¿Cuándo se cumplió esta profecía? Vamos a desviarnos un poco de la casa de Elí para comprender todo el contexto de esta historia:

Primero tenemos que recordar a David, el varón conforme al corazón de Dios. El cual ganó mucha fama cuando derrotó a un gigante llamado Goliat (historia grandemente conocida). Esta victoria le dio mucha fama e hizo que el rey Saúl tuviera envidia de Él y lo quisiera matar. David huyó y Saúl lo anduvo persiguiendo durante mucho tiempo queriéndolo matar. En su exilio, Dios en su Providencia encaminó a David al sacerdote Ahimelec:

1Sa 21:1  Vino David a Nob, al sacerdote Ahimelec; y se sorprendió Ahimelec de su encuentro, y le dijo: ¿Cómo vienes tú solo,  y nadie contigo?

David, por temor de ser descubierto por Saúl, mintió a Ahimelec, diciendo que venía por un asunto del rey que necesitaba comida, dándole el sacerdote los panes de  proposición (relato al que hace referencia nuestro Señor en Mat 12:4  cómo entró en la casa de Dios,  y comió los panes de la proposición,  que no les era lícito comer ni a él ni a los que con él estaban,  sino solamente a los sacerdotes?) y también le da la espada de Goliat, el gigante que David había derrotado.

Luego que David se fue, fue informado el rey Saúl de que David había estado en Nob.

1Sa 22:11  Y el rey envió por el sacerdote Ahimelec hijo de Ahitob,  y por toda la casa de su padre,  los sacerdotes que estaban en Nob;  y todos vinieron al rey.

¿Qué tenemos ante nosotros en este pasaje?

Tenemos a un rey condenado por su desobediencia, a disfrutar del cáliz de la ira de Dios. Y tenemos por otro lado, a un sacerdote, junto con toda su casa, todo ellos descendientes directos de Elí, y sus hijos Ofni y Finees.

¿Cómo sabemos esto? Porque la misma palabra nos explica la genealogía de Ahimelec, hijo de Ahitob

1Sa 14:3  Y Ahías hijo de Ahitob,  hermano de Icabod,  hijo de Finees,  hijo de Elí,  sacerdote de Jehová en Silo,  llevaba el efod;  y no sabía el pueblo que Jonatán se hubiese ido.

Esto es: Elí engendró a Finees, Finees engendró a Icabod y a Ahitob, Ahitob engendró a Ahías y a Ahimelec, sacerdote de Nob, que en ese momento se encontraba delante de un rey que aún no acababa de llenar la medida de sus pecados, pero que estaba a una orden de llenarla, con la sangre de los sacerdotes del Dios viviente, y al mismo tiempo llevando a cabo la sentencia que el Señor había ya dictaminado para todos esos varones, todos ellos siervos de Dios, pero culpables de los errores de un padre insensato.

1Sa 22:18  Entonces dijo el rey a Doeg: Vuelve tú,  y arremete contra los sacerdotes. Y se volvió Doeg el edomita y acometió a los sacerdotes,  y mató en aquel día a ochenta y cinco varones que vestían efod de lino.

1Sa 22:19  Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada; así a hombres como a mujeres,  niños hasta los de pecho,  bueyes,  asnos y ovejas,  todo lo hirió a filo de espada.

Viendo esta escena, me pregunto: ¿Qué culpa tienen los hijos de los pecados de los padres? La respuesta a la magnitud y total plenitud de esta pregunta no puede ser contestada por mí (ni tengo la autoridad porque no soy padre) sino por Dios mismo. Pero tal vez no sea de nuestro competencia el conocer todas las cosas, sino el de temerlas, y mirar perfectamente el camino por el que transitamos. Porque el pastor Luis Ramos enseñaba a los padres con estas palabras: “Papá, ten cuidado por donde caminas, porque yo voy detrás de ti”

Con esta matanza se cumplía la palabra por parte del Señor que dijo:

1Sa 2:31-33  He aquí,  vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre,  de modo que no haya anciano en tu casa.

Verás tu casa humillada,  mientras Dios colma de bienes a Israel;  y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa.

El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar,  será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor;  y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril.

Esto ocurrió 50 años, y 20 capítulos, después de que la palabra había sido dicha. Con lo cual vemos que las promesas del Dios altísimo tienen su cumplimiento infalible, así como sus juicios.

Pero no murieron todos, y la palabra de Dios lo especificaba: “El varón de los tuyos que yo no corte de mi”. Haciendo referencia al único sobreviviente de esta trágica escena:

1Sa 22:20  Pero uno de los hijos de Ahimelec hijo de Ahitob,  que se llamaba Abiatar,  escapó, y huyó tras David.

Abiatar se escapó del filo de la espada que asesinó a toda su familia, amigos y parientes. Él, y sólo él, había escapado de la sentencia de la boca de Saúl, pero no podía escapar de la boca del Señor. Pues “El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor”.

A la verdad me llena de coraje e impotencia el que tanta gente haya tenido que sufrir por el error de los pecados de estos jóvenes. Me llena de tristeza y de indignación contra ellos. Pero a la verdad esto también hace reflexionar en aquél que llevó mis pecados sin haberlos cometidos, y sobre el que recibió la ira de Dios que nos correspondía a nosotros recibir. Gracias damos al Señor, por no permitirnos en ningún momento el levantarnos contra Él, sino espero se siga glorificando en callar al hombre con el mensaje de la locura de la cruz, a que el hombre se levante con su hueca filosofía.

El pecado de Elí sobre Abiatar

Es de admirarse la habilidad del pecado de adueñarse de la voluntad de los hombres, aún de los que se visten por fuera de blanco, aún de quienes tienen en sus manos la dirección del pueblo de Dios.

Sabemos de antemano que así como su ancestro Elí, su bisabuelo Finees, y todos sus parientes, el fin de este joven justo ha de ser tan terrible como la de ellos. Y es que nadie se puede escapar del juicio del Señor cuando él lo ha dictaminado. No porque la terrible soberanía del Altísimo nos cubra como nubes oscuras amenazando tempestad, sino el pecado que corroe toda armonía con la divinidad de Dios, es la que encamina al hombre a la justicia divina, aunque muchas veces tardía, que es siempre verdadera.

Pues este muchacho demostró durante mucho tiempo su fidelidad y su agrado para con el siervo de Dios, David. Cuando David se hizo rey, Abiatar se convirtió, junto con Sadoc, en el Sumo sacerdote.

Sin  entrar en muchos detalles, Moisés nos muestra que el que debía llevar el ministerio de Aarón debía ser Eleazar y su descendencia, al morir Aarón (Deu 10:6  (Después salieron los hijos de Israel de Beerot-bene- jaacán a Mosera;  allí murió Aarón,  y allí fue sepultado,  y en lugar suyo tuvo el sacerdocio su hijo Eleazar), sin embargo, al comenzar el libro de Samuel, vemos que el sacerdocio está a cargo de Elí, sacerdote de la Línea de Itamar, hijo de Aarón. Se desconoce a ciencia cierta, en qué momento de la época de Josué o de los Jueces, el sacerdocio tuvo este movimiento entre líneas sacerdotales. Cabe señalar, que esto no contradice la promesa hecha a Aarón (Éxo 28:1  Harás llegar delante de ti a Aarón tu hermano,  y a sus hijos consigo,  de entre los hijos de Israel,  para que sean mis sacerdotes;  a Aarón y a Nadab,  Abiú,  Eleazar e Itamar hijos de Aarón), pues Itamar y su casa eran de su descendencia.

La otra línea sacerdotal, por parte de Eleazar, hijo de Aarón, corría desde la época de los patriarcas y se situaba sobre Sadoc (1Cr 6:4-8  Eleazar engendró a Finees,  Finees engendró a Abisúa, Abisúa engendró a Buqui,  Buqui engendró a Uzi, Uzi engendró a Zeraías,  Zeraías engendró a Meraiot, Meraiot engendró a Amarías,  Amarías engendró a Ahitob, Ahitob engendró a Sadoc, Sadoc engendró a Ahimaas)

Sabiendo esto podemos ver que antes de David, sólo había un Sumo sacerdote, perteneciente a la línea de Itamar, hijo de Aarón. Abiatar era ese único descendiente a la casa de Itamar. Y era necesario que la promesa a Aarón se cumpliera, por eso es que el Señor preservó a uno, para que no fuese exterminada la genealogía de su hijo Itamar.

Abiatar, estuvo siempre con David, fue su gran apoyo y uno de sus mejores compañeros. Fue de grande bendición en los momentos difíciles y aún permaneció fiel, junto con su hijo Jonatán, cuando Absalón se reveló en contra de su padre David.

Pero el pecado ha demostrado a través del tiempo su contraria inclinación al bienestar del hombre, y que su agente, la tentación, no tiene descanso. Así es como en los tiempos de paz, cuando el rey David estaba viejo y en cama, un viento de maldad se levantó en el reino de David, que distaba con la voluntad del Señor para el gobierno de su pueblo, pero acorde a la palabra predicha de Dios:

1Re 1:5  Entonces Adonías hijo de Haguit se rebeló,  diciendo: Yo reinaré.  Y se hizo de carros y de gente de a caballo,  y de cincuenta hombres que corriesen delante de él.

1Re 1:7  Y se había puesto de acuerdo con Joab hijo de Sarvia y con el sacerdote Abiatar,  los cuales ayudaban a Adonías.

1Re 1:8  Pero el sacerdote Sadoc,  y Benaía hijo de Joiada,  el profeta Natán,  Simei,  Rei y todos los grandes de David,  no seguían a Adonías.

Se puede entender que Adonías se consideraba merecedor del trono de David por ser el mayor de los hijos de David (de los que quedaban vivos). Pero el Señor ya había dispuesto desde hace mucho tiempo que el sucesor sería Salomón.

Podemos ver que Abiatar se encontraba entre el grupo que apoyaba a Adonías. Así que cuando Salomón fue proclamado y ungido como rey (1Re 1:38-39), por mandato de David su padre, lo primero que hizo éste fue eliminar a los que se habían revelado junto con Adonías. Entre ellos estaba Abiatar.

Así que Abiatar quedó como un enemigo de la nación.

1Re 2:26  Y el rey dijo al sacerdote Abiatar:  Vete a Anatot,  a tus heredades,  pues eres digno de muerte;  pero no te mataré hoy,  por cuanto has llevado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre,  y además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligido mi padre.

Y luego, desde las páginas de las Santas Escrituras resuenan, tras haber pasado muchos años, las palabras del Señor en contra del pecado de Elí, y la transgresión de sus hijos:

1Re 2:27  Así echó Salomón a Abiatar del sacerdocio de Jehová,  para que se cumpliese la palabra de Jehová que había dicho sobre la casa de Elí en Silo.

De este modo, el sacerdocio de la casa de Itamar, hijo de Aarón, concluía como la principal. El Sumo Sacerdocio es traspasado a la casa de Eleazar, con Sadoc ocupando el puesto. La línea de Itamar, hijo de Aarón continuó con Jonatan, hijo de Abiatar quien no se rebeló contra Adonías, y aún sirvió durante el ungimiento de Salomón. Así, la promesa sobre Aarón quedó intacta, pero la condenación sobre la casa de Elí se cumplía.

1Sa 2:35  Y yo me suscitaré un sacerdote fiel,  que haga conforme a mi corazón y a mi alma;  y yo le edificaré casa firme,  y andará delante de mi ungido todos los días.

El cumplimiento parcial de esta profecía se cumplió con Samuel, quien fungió como Sumo sacerdote, pero no anduvo ni delante de David, ni de Salomón “todos los días”, quienes eran los ungidos de Dios.

El otro cumplimiento parcial se cumplió con Sadoc, con quien se cumplieron las profecías sobre la conclusión del sacerdocio de la casa de Elí, y el traspaso a la casa de Eleazar. Él sí anduvo delante de Salomón en el oficio sacerdotal, pero no todos los días, lo sucedió su hijo Ahimaas.

Sin embargo, el total y pleno cumplimiento de esta palabra se dio en la figura de Jesús, el Cristo. Quien fungió y aún sigue fungiendo como Sumo Sacerdote

Heb 6:19-20  La cual tenemos como segura y firme ancla del alma,  y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor,  hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.

Cuya casa es firme y anda delante del Padre todos los días como mediador:

1Ti 2:5  Porque hay un solo Dios,  y un solo mediador entre Dios y los hombres,  Jesucristo hombre,

Pues imborrable es la mancha del pecado cuando no se ha lavado con justicia de la sangre de Cristo. Bienaventurados nosotros que vivimos bajo la gracia y el perdón de pecados debido al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. No hay generación que pueda jactarse de tener el poder de eliminar de sus ágapes las manchas de la iniquidad. Mas las generaciones desde Cristo hasta la fecha podemos (y más aún, debemos) proclamar que en Jesús hay vida y vida en abundancia. No despreciemos salvación tan grande para la preservación de nuestras almas, y de las generaciones futuras.

Abiatar, no teniendo un redentor que pagara la carga del pecado de dos jóvenes insensatos, tuvo que llevar el castigo de una condena que caía sobre su cabeza aún antes de haber nacido. Tengamos esto en cuenta, porque aunque el Señor ha prometido que cada uno morirá por sus propios pecados, y no llevarán el de los padres los hijos; es terrible las consecuencias de desobedecer los llamamientos del Señor.

Conclusiones

Esta historia nos enseña:

1.- Que la desobediencia a los padres acarrea grande mal sobre la cabeza de los hijos insensatos. Y que el “primer mandamiento con promesa”: Honra a tu padre y a tu madre (Efe 6:2). Es tan cierto, como el Dios que lo ordenó hace más de 3,000 años (Éxo 20:12  Honra a tu padre y a tu madre,  para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.). Procuremos alargar la vida en esta tierra en obediencia a quienes Dios puso sobre nosotros ¿Por qué?: Porque es justo (Efe 6:1  Hijos,  obedeced en el Señor a vuestros padres,  porque esto es justo).

2.- Nos enseña la necesidad de los padres de saber enseñar a sus hijos, que por naturaleza son insensatos (Pro 22:15  La necedad está ligada en el corazón del muchacho;  Mas la vara de la corrección la alejará de él). Así pues la reprensión debe de ser con autoridad y conforme el joven lo requiera (el cómo, no lo sé, no soy padre). Pero distinto a las costumbres actuales, la palabra nos habla de la “vara” para la salvación de vida (Pro 23:13  No rehúses corregir al muchacho;  Porque si lo castigas con vara,  no morirá), pero más aún, de la infalible Palabra de Dios (la amonestación de Señor), la cual no sólo instruye a los hijos a ser rectos, sino a los padres a ser sabios (Efe 6:4  Y vosotros,  padres,  no provoquéis a ira a vuestros hijos,  sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor). No le fue suficiente a Elí ser buen sacerdote del tabernáculo, también era necesario ser buen sacerdote de su casa.

 

3.- También nos enseña los peligros de los líderes eclesiásticos al tomar a la ligera sus ministerios, en los cuales no sólo sirven a la iglesia, sino a Dios mismo, quien les ha confiado la preservación del ejercicio de la religión (Luc 12:48  Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes,  será azotado poco;  porque a todo aquel a quien se haya dado mucho,  mucho se le demandará;  y al que mucho se le haya confiado,  más se le pedirá), por eso la palabra es explícita con relación al peligro querer ser llamados siervos de Dios:  “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación”. (Stg 3:1) Por cuanto el estar cerca de las cosas sagradas hace que los pecados se maximicen pues: “Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?” (1Sa 2:25). Seamos pues, prudentes, al realizar una actividad que reconocemos es para la gloria de Dios.

Pero sobre todo, podemos aprender cuán grande, terrible y sin misericordia alguna, son los juicios que acarrea el pecado a la vida de los hombres. La raza humana inclinada en naturaleza a pecar debe, por justicia, sufrir estás cosas y aún mayores a causa de los actos que día a día, en números incontables, se hacen en contra de los mandamientos de Dios y aún de Él mismo.

Es justo el castigo y la destrucción que algún día descenderás del cielo a manera de fuego y azufre como parte del juicio de Dios contra este mundo corrupto, siempre dispuesto a desobedecer a lo que Dios llama santo; haciendo lo que es malo y que ellos toman por algo natural. ¡Cuán grande es la desviación de esta generación! ¡Cuán terribles los horrores que merece!

Pero los hombres sólo pueden ser librados de todos estos males a causa de la sangre de Cristo. El cual llevó todas nuestras culpas, todos nuestros pecados, y cargó con los castigos que tú y yo debimos recibir. No se confunda al creer que fue un brazo romano el que lo latigó, no piense que fue Satanás el que azotó hasta el borde de la muerte al Salvador de la Humanidad, No!.. Fue Dios mismo descargando toda su ira, la que el mundo debía de recibir a causa de los pecados, en contra de aquel que llevaba los pecados de todo el mundo.

Isa 53:10a  Con todo eso,  Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento.

No se le ocurra darle la gloria al enemigo de este hecho, fue Dios mismo haciendo justicia en castigo, juicios, horrores y muerte, sobre la figura del Cristo, nuestro Señor. Ponga delante de sus ojos al Cristo crucificado el día que piense que ya ha sufrido demasiado, ponga al Cordero Inmolado en su mente cuando piense que Dios no lo puede perdonar. Por cuanto alguien ya soportó su castigo, y en su muerte vicaria tomó su lugar, es libre usted, sus hijos y sus generaciones de los pecados del pasado o los errores del ayer; perdonado inmerecidamente, por pura gracia de Dios.

Aprendamos pues, a ser prudentes al minimizar las consecuencias del pecado. Pero también aprendamos a no menospreciar el sacrificio de Cristo, por cuanto nosotros mismos no lo podríamos soportar.

Bendito sea Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Porque Él es bueno y para siempre es su misericordia.

Por tanto,  teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades,  sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

Heb 4:14-15

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2 pensamientos en “El buen sacerdote Elí

  1. Ramsés Cárdenas dice:

    Gracias por un estudio tan completo, estoy estudiando los libros de Samuel y ha sido de gran bendición conocer uno de tantos propósitos de las “aburridas” genealogías de la Biblia. Saludos

  2. WILSON MORALES CAMARGO dice:

    Que importante es este sermon para aquellos que como yo tenemos la gran responsabilidad de levantar a nuestros hijos en “Justicia, Misericordia y Reverencia ante Dios”, para no sufrir como el sacerdote Eli semejante castigo. Gracias por este estudio tan edificante para nuestra vida diaria y para nuestro papel de padres. Dios les continue bendiciendo.

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